Claro que sí, claro que hay momentos especiales, hay dulces momentos, hay ardientes momentos, hay dolorosos momentos y lo único que tienen en común, es que son momentos y eso se mide en tiempo y en espacio, ocupan muy poco en tú disco duro y duran menos de un segundo. Son flases, son centelleos, son pequeños silencios, son instantes entre dos instantes. Me refiero, por supuesto, a momentos y no a situaciones de dolor, pena, ardor y pasión. Porque a mi me acaba de pasar uno de esos momentos, me acaba de pasar un ángel batiendo sus alas y de repente, el tedio fue roto por un pensamiento placentero: me sentí querido por la vida.
Cosa que no se siente muchas veces y porque la vida es demasiado tacaña en éste aspecto. La vida cuando te da algo, al mismo tiempo ya te está avisando que andes con cuidado, que hoy te he concedido esto, pero mañana te lo arrancaré de tus manos y como ya estás advertido, después no me vengas con lloradas. Pero también hay que decir que gracias a ella, podemos gozar de esos momentos tan entrañables y que además, siempre tienen la cualidad de sorprendernos y la sorpresa ya sabemos de que va y va de susto y el susto puede ser agradable o no.
Por tanto dejémonos sorprender por la vida, pues junto a la concesión de más tiempo de vida, la vida es incapaz de hacer otros regalos. Los demás regalos, te los tienes que ganar a pulso y con muchas lágrimas y por decirlo de otra forma, tienes que ser merecedor de ello. Las medalla en la vida se ganan luchando, se sangran, se duelen, se aman, se arriesgan y se deciden con contundencia. Tú a la vida no le puedes decir que te lo estás pensando, que tienes dudas, que no sabes, que espere a mañana o a pasado, pues eso a la vida se la refanflinfa o le trae el pairo, la vida es inquisitiva y dura y siempre te pasará las cuentas de lo que has hecho con tus responsabilidades
No hay comentarios:
Publicar un comentario