Mis 8, 10 o 12 horas diarias de escritura casi nunca faltan (esto lo decía en el año 2.015). Y ya sé que me paso dos pueblos y ya sé que hay muchas otras cosas que hacer en esta vida que nos ha tocado vivir, pero por ese mismo razonamiento, tendría que reconocer que estoy colgado de la escritura, que estoy colgado como una ladilla de un pelo púbico. Es droga dura esto del escribir y supongo que por lo tanto, más dura será la caída. Porque todo sube igual que baja y no hay estados permanentes de estar arriba o de estar abajo. Supongo que algún día me quedaré en blanco satinado y entonces no sabré que hacer. Pero mientras tanto voy a seguir metiendo la brasa.
Porque en éste momento pensaba, que yo soy inocente, pues nunca he matado a alguien, aunque es justo reconocer, que hay veces en que lo he pensado. Yo escribo, ¿y qué? y también digo muchas tonterías, pero con todo ello, no creo que haga daño ni a una mosca, por lo menos mientras no se pose en mi sensible y delicada piel y la emprenda a picotazos conmigo. Puedo molestar a algunos por ponerlos a parir y de vuelta y media, pero señores, ¡problema resuelto!, esos algunos nunca me van a leer. Selección natural, que se llama.
El borde, el pretencioso, el imbécil, el pijo relamido, el fascista, el codicioso, el insolidario, el explotador, el que padece de envidia cochina o de avaricia, el violador, el patético que solo da pena y que por su estado de pena todos debemos pagar, el falso, el mentiroso... y no sigo, porque en realidad la lista se haría interminable. Me acabo de dar cuenta, que de ésta forma (con tantas excepciones), siempre serán muy pocos los que me pueden leer. Ya se sabe lo que dice el dicho que me acabo de inventar: "si somos pocos hacemos piña y si somos muchos, nos comemos la piña". Ahora, que estamos en el año 2.026, he bajado el ritmo diario y porque si no me iba a volver loco y ando entre 7 a 8 horas diarias de escritura, que ya es una cifra más prudente.

No hay comentarios:
Publicar un comentario