Aquellos dedos tuyos,
dormidos como en lana,
urdían la caricia y sus efectos.
¡Tocar era tan fácil
y tanto me abrigaba
desnudar esos dedos
para tejer muñecos temporales!
Ahora tejo tu sombra,
que no es poco tejer cuando se ha amado.
No es fuerza bruta lo que necesito. Es entereza, es mantener el rumbo firme y fijo hacia no sé donde, es desafiar los imponderables sin que ...
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