Qué fácil sería decir
¡como ha pasado el tiempo!
y así cerrar el libro que ha sido mi vida.
Un prólogo, un desarrollo y un epitafio
y todo escrito con mi propia sangre
que nació siendo inocente
que se pudrió cuando era adolescente
que después hirvió por tanta utopía incandescente
y hasta que mis ideales
se me cubrieron de espesa niebla.
Y ahí es cuando conocí
el poder del rocío de la mañana
a la persona que más amé en mi vida
y tuve tres hijos como tres soles y trece lunas
y mientras fuí su puto héroe
todo se deslizó como la seda.
Después
tampoco me quejo.
Después se hicieron mayores
el héroe, que era yo,
se convirtió en villano con pies de barro
y de nuevo tuve que aprender a reconstruirme.
Encontré refugio en la escritura
me escondí en un rincón de mi casa
me hice aburrido y previsible
y aún ahora sigo intentando
salirme por la tangente.
Creo que a estas alturas de la película
me moriré intentando
que el mañana sea hoy.

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