Tenías ganas de gritar ¡te quiero! y hacer la noche más infinita y sin amaneceres ni hostias benditas, sólo revolcándonos en sábanas sudadas y dando vueltas buscando las cuevas del uno en el otro, yo, te diría ¡te quiero! y nada más decirlo te volvería a decir ¡te quiero!...
No hay comentarios:
Publicar un comentario