Hay heridas que se cierran tan mal
y tan falsamente
que ni tú ni yo sabemos
que no es un caso cerrado y que es un caso fallido
uno más de los se fallan
y uno entre tantos.
Con el tiempo debajo de esa cicatriz mal cerrada
el tejido se endurece y al mismo tiempo que crece
y se convierte en un bulto duro y un poco deforme
y cada vez uno lo ve
te acordarás del día en que te hiciste la herida
te acordarás de porque ella te dejó
o porque tú la dejaste a ella
vivirás de nuevo todo aquél macabro proceso
y sentirás el mismo dolor
te regurgitarán aquellas palabras fuera de tono
con los mismo verbos y adverbios
con la misma ira iracunda
con todos aquellos pensamientos retorcidos
que ninguno de los dos
fue capaz de apaciguar
y porque metidos en el frenesí de la batalla
no había heridos
y sólo había muertos.
Los primeros muertos,
fuímos nosotros
y una vez muertos entendimos
que no merece la pena morir por nada.

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