Uno aprende que lo imprescindible no eran los libros no eran los discos no eran los gatos no eran los paraísos en flor derramándose en las aceras ni siquiera la luna grande -blanca- en las ventanas no era el mar arribando su rumia rompedora en el malecón ni los amigos que no se ven ni las calles de la infancia ni aquel bar donde hacíamos el amor con la mirada. Lo imprescindible era otra cosa. |
CRISTINA PERI ROSSI
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