Lo malo de vivir en un espacio cerrado
es que tu horizonte son cuatro paredes
en mi caso, cuatro anchos muros de piedra
y en ese espacio vuelan en bucle 8 moscas de verano,
todo el día dando las mismas vueltas
y sin encontrar una salida.
Y eso que mis ventanas dan a la calle
y algo se mueve tras sus cristales
el sol se mueve a lo largo del día
de vez en cuando el vecino de enfrente sale a fumar
otro se asoma un rato y para ver si algo ha cambiado
al del tercero se le escucha hablar por el móvil
al tiempo que se mueve de un lado al otro dentro de su
pequeña y estrecha terraza
y a veces cuando contemplo todo este panorama
y lo pienso dos veces
me entran ganas de ponerme a llorar.
Me entristece que seamos como las moscas de verano
volando en bucle contínuo
y sin encontrar una salida a nuestra penosa vida.
Me preocupa que el día a día
nos devore
y que la magia nos abandone.

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