Hay olvidos
que son como monstruos de otro mundo
y cuando se disparan a su máxima velocidad
te atraviesan el hígado
y te revientan los intestinos.
Hay olvidos
que nunca serán fáciles de olvidar.
Los llevas a cuestas
como una cruz que debes de arrastrar.
Y no hay consuelo
ni hombro en que te puedas apoyar.

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