Gema Fernández Martínez

Según la escala relativa
de la biomecánica,
el escarabajo rinoceronte
es el animal
más fuerte del mundo.
Puede soportar sobre su
espalda,
durante una hora,
una carga treinta veces
mayor
que su propio peso.
La física celebra en él
una eficiente distribución
de fuerzas; la evolución,
un refinamiento paciente
de estructuras y proporciones.
Desde la austeridad de su
exoesqueleto,
el escarabajo rinoceronte
mira con condescendencia
al oso y al león,
se ríe del tigre y el hipopótamo,
compadece al elefante
y a la ballena,
saborea desde su minúsculo,
y oscuro armazón,
un libidinoso sentimiento
de superioridad.
Pero a veces,
sin poder evitarlo,
en la oscura economía
de su consciencia instintiva,
se sorprende a sí mismo
camuflado en la tierra,
oteando a lo lejos
el frágil voleteo
de la mariposa
y piensa con recelo:
Maldita sea,
la verdadera fortaleza
reside en soportar,
como ella hace,
tanta delicadeza.

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