Lorena Larrañaga. "Hembra"

Vengo de un linaje de mujeres
que aprendieron a amar
como se aprende a sobrevivir,
a la fuerza, a tientas,
contando la comida y el cariño
con la misma mano cerrada.
Mi madre quiso a mi padre como se quiere a la sequía,
sabiendo que iba a faltar,
midiéndose el agua de antemano.
Yo salí de ese vientre
que amaba apretando los dientes,
y traje en la sangre su costumbre de querer con miedo,
de abrir la puerta
con la maleta ya hecha junto a la cama.
Así que ven.
Y ten paciencia con esta forma mía
de quererte,
con la boca siempre a medio camino entre el beso y la mordida,
con el costado abierto —el tamaño exacto de tu mano—;
enséñame, despacio,
que no es una trampa
y déjame aprender, tarde,
a la fuerza,
que también yo puedo ser casa y no intemperie,
que también esta hembra,
este animal de costumbres y de hambre,
puede bajar los dientes,
recostar la cabeza en tu pecho
y, por una noche, no contar el agua.

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