Hoy me he despertado con heridas de la noche.
No es que corriera la sangre
y que esté embadurnado en sangre
todo ha sido mucho más pequeño
lo que no quiere decir que no fuera placentero
para algunos mosquitos que se dieron un festín conmigo
y tengo los brazos llenos de ronchas rojas
que pican, que molestan, que incordian
y que si las rascas, te molestarán un poco más.
Se me acabó el líquido preventivo
que espantaba los mosquitos con no sé que historias
y por eso se colaron sin pedir permiso
y sin tener ninguna compasión
se cebaron conmigo
o mejor dicho, con mis brazos.
Me los figuro en estos anteriores días
en los que olían mi sangre en la distancia
y a lo largo de la noche se iban colocando para atacarme sin
remisión
y como aún quedaba algo de líquido preventivo
que ejercía como barrera de protección
iban hacia la diana con todas sus ganas
y hasta que en pleno vuelo tropezaban con la barrera que me
rodeaba
y por eso, creo yo que se le fueron acumulando las ganas
de coserme a picotazos
y ese momento llegó durante ésta noche.
Se cebaron conmigo
y ahora mismo soy ese ser
que se está cagando en todos sus muertos.

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