Tengo muchas cosas pendientes
y veo hacia atrás y no veo donde se acaba la fila
y eso me indica
que tengo que hacer muchas horas extras
que tengo que sacar tiempo a todo lo que hago
y escribir más ajustado y menos presionado
y concederme tiempo y calma
mucho tiempo y mucha calma
y comer despacio y respirar tranquilo
y pensar en diminutivo
y así hacerme un tío pequeñito
que apenas molesta, ni alza la voz
y ni grita, ni chilla, ni insulta a los demás
y porque en definitiva
ama el silencio y la densidad de los buenos momentos.
Ya me gustaría a mí
pasar así de desapercibido
y que nadie se fijara en el poder de mi mirada
o en el poder de mis palabras
y andar más suelto y liberado
e ir detrás de lo que me apetezca
y si me apeteciera ir por delante
también lo haría
y porque al final
lo que realmente importa
es que yo esté dotado del ánimo suficiente
como para seguir andando hacia lo que yo quiero.
Ir delante o detrás o a la misma altura
es lo que menos me importa
el caso es que mis pasos se oigan
y que al mismo tiempo
que mis gritos rompan cristales y tímpanos.
Después y una vez sentado en mi trono
no confesaré lo que me ha pasado para llegar hasta aquí
y porque una vez conquistado tu objetivo
que importancia tiene el como has llegado
y porque además, es demasiado fácil su respuesta
pues llegué enfrentándome a todo
a mis monstruos, a los tuyos
y a los que fueron surgiendo por el camino
y todos murieron entre mis manos
y acabaron ahogándose en su propio charco de sangre.
De una manera o la otra
la muerte siempre está y estará presente.
En mi caso
espero que venga de noche
y cuando esté profundamente dormido,
muerte silenciosa, le llaman
y muerte deliciosa, le llamo yo.

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