Era la mañana de hoy,
tibia y después, ardiente,
mañana de agosto y de inmenso calor.
Los pájaros de mi calle han emigrado.
Los árboles han sido podados
y para que ardamos más fácilmente.
Los ruidos que hace dos meses eran amortiguados,
ahora con el sol y el turismo, han crecido
y también se han puesto el traje de verano.
Yo sólo espero a que pase el mes de agosto
y es más, cuando pienso en mi amado mes de septiembre,
me emociono y me pongo a llorar
y como decía aquel perpetuo optimista...
señores... ¡queda menos!
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