Tampoco hace falta que me cuentes
lo que ya me has contado anteriormente
y no me metas el rollo de si el sol asoma por el este
y se muere por el oeste
o si hay cuatro fases lunares
o porque estamos llenos de sentimientos
y no hablamos todo el tiempo sobre ello.
Hay explicaciones, como que sobran
como hay recuerdos que nunca dejarán de doler
y que a fuerza de repeticiones,
no harán que antes te olvides.
Y esto pasa con todo
salvo con los buenos recuerdos
que te iluminaron la vida durante un tiempo
y que desde el primer buen recuerdo cayó en tus manos
se convirtieron en el verdadero motor de tu vida.
Y un buen recuerdo te carga y te recarga las pilas
a veces te das cuenta que han pasado más de 40 años
y ese recuerdo sigue en pie y como si hubiera sido ayer.
Hay recuerdos que traspasan el tiempo
y tienen el poder de convertir más de 40 años en un día de 24
horas,
pero no en día cualquiera
de esos de andar por casa todo aburrido y arrastrando tu
cuerpo como un caracol baboso y deprimido
si no, que yo estoy hablando de un día especial,
muy especial
especialmente amable, bueno, ligero, volátil
y pulsátil
y es un lujo
poder retenerlo en tu mente durante una horas
y exprimirle todo su jugo
y hasta que se quede reducido en un simple esqueleto
ni carne, ni músculos, ni tendones
ni órganos, ni vísceras
ni entrañas, ni piel que lo envuelva
y ese día fue, será y es
el día más entrañable de mi vida.
Pues ayer, estuve con él.

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