FALSOS SANTURRONES

 

Que la vida es dura, no es ningún descubrimiento. Eso lo saben hasta los ciegos que venden cupones de la once, ellos más que nadie y porque están ciegos, vamos, que lo intuyen, porque tanto como verlo, pues creo que no. La vida al principio te la envuelven en un lindo envoltorio de papel de celofán y cuando poco a poco vas desnudando al caramelo, te vas dando cuenta de que la vida no es tan bella, te das cuenta que la vida es como una puta margarita a la que hay que ir deshojando y si y no y si tienes suerte y te toca el sí, te regalan unos años de tierna felicidad.

Después de ese paréntesis de felicidad, te toca deshojar de nuevo a la margarita y si te toca, el no, pues muy fácil, te ha tocado el sufrimiento, te tocan unos años de arrastrado. Y si te toca de nuevo el sí, ya no será lo mismo que la primera vez, porque la segunda vez nunca es igual que la primera. Pero bueno, cada X años, nos toca pasar por el Tribunal que evalúa nuestra puta vida y lo malo, es que de cada vez te exigen más cosas, te exigen que seas más responsable, más amable, más empático, más emocionalmente estable y otra sarta de pamplinas.

Lo normal, si consideramos que la vida es un aprendizaje, pero claro depende de que tipo de aprendizaje hablamos. Porque evaluar a la gente por su grado de adaptación a lo que hay, por su grado de obediencia, por su grado de sumisión, pues una evaluación engañoso. A la gente se le debía medir por su grado de rebeldía, por su grado de sinceridad, por sus ganas de vivir y si se me apura, hasta por su grado de inestabilidad emocional, que ya estoy hasta los cojones de tantos falsos santurrones que les das una ostia en pleno careto y te la devuelven con una sonrisa bobalicona.

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DOS TIPOS DE LUZ

 "Hay dos tipos de luz: la luz que te ilumina y la luz que vas dejando tras de tí".