Vivo entre mis ecos, murmullos y susurros,
hablo mucho sólo, quizá demasiado
me como las uñas hasta la médula de mis huesos
y cuando me quiero querer
dejo fluir mis sentimientos
y de ese encuentro
nace un amor egocéntrico.
Nadie aprende a volar hasta que inventa un cielo.
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