MI VIAJE Y EL PUENTE
En éste puente yo aterricé con mi nave interestelar. Venía de visitar otros planetas, otros satélites y de perseguir estrellas fugaces y porque no lograba entender el porqué de su fugacidad (de hecho, lo sigo sin entender). No aterricé sobre el mismo puente y porque mi nave y por su propio peso de máquina infernal, se lo llevaría a los infiernos de la profundidad y entonces fue al lado y sobre un saliente de roca granítica y fuertemente resistente y al ver la hermosura de ese puente, ahí mismo me dí cuenta que en la Tierra hay tesoros escondidos y mi esperanza es que nunca se encuentren y porque si no ese hermoso puente que vemos en la foto, cubrirán sus escalones con cemento, pondrán a dos gorilas a cada lado del puente y el que no pague le harán dar la vuelta y ya que ha ido hasta allí pues el gorila le informará adecuadamente y a los que se niegan a pagar, le dirán que a menos de 50 metros del puente hay un par de chiringuitos que venden réplicas de plástico del puente y los que pagan y podrán pasear por él, dirán que si tiras desde arriba un euro, te acompañará la suerte el resto de tu vida y mientras tanto, todo ese inmenso montón de euros cubrirán el cauce del río que discurre por debajo del puente y que al final se morirá por quedarse seco y acabará convertido en un basurero que tiene por encima un puente de piedra. La otra versión, es que si tiras pequeñas piedras del muro que lo delimita, podrás formular un deseo por cada pequeña piedra que tires. Y al final, el puente también se quedará primero sin muro, después sin escaleras y por fin, sin el propio puente de piedra. También me dí cuenta que hay almas que nunca descansan, algunas porque son insomnes, otras porque son más de ciudad y no les gusta vivir en medio de la naturaleza donde no hay móviles, ni internet, ni televisión. También sentí que allí había gritos inaudibles de almas sufrientes que algún día se tiraron desde él, que había susurros de inocentes que fueron tirados por otros y que había miedos que de vez en cuando rebotaban entre las sonoras paredes del desfiladero donde se apoyaba el puente, pero que ante tanta inusitada belleza, el miedo, los gritos y los susurros, se convertirían en gotitas de agua y sal y es cuando me puse a pensar, que las piedras también lloraban.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
A veces se hace agradable hacerse gente
HACERSE GENTE A veces se hace agradable hacerse gente y diluirse en mares de brazos, piernas y ojos y comer sano porque te apetece a tí y...

No hay comentarios:
Publicar un comentario