Y hoy ¿que soy?. Pues muy sencillo, soy una máquina andante de hacer y producir mocos y mocos que en mi idioma médico se llaman, mocos productivos o sea amarillentos, pegajosos y sobre todo, asquerosos. Si señor, los virus siempre acaban jodiendo mis defensas internas y porque las externas ya me las he cargado previamente. Y prosigamos el relato. Después se planta ante tí una bacteria oportunista, de esas que están sólo a la espera de que se produzca una fisura en tus murallas de defensivas y ya está, por ahí se cuela la bacteria y entonces y por fin, empieza la verdadera fiesta. Y su sitio favorito suele ser los senos frontales y etmoidales, los cuatro, no se salva ni uno o sea que me pillo una preciosa sinusitis de caballo. Lo peor de todo es el dolor de cabeza, pero bueno más se perdió en Cuba y aquí estamos y aquí seguimos.
Ayer por la noche y antes de irme a la cama y cuando por fin, la fiebre había remitido un poco, me ví de nuevo al espejo y me dije ¿adonde vas tú con esa pinta de macarra o de maki navaja o de bandolero de sierra morena venido a menos?, con esas patillas tan largas como un día sin pan, que me llegaban hasta el mismísimo ángulo de la mandíbula. Y enseguida me apliqué a la tarea de afeitarme, mientras pensaba que coño me había pasado por la cabeza para hacer semejante desaguisado con mi aspecto físico. Después me quedé un rato viendo mi cara despejada de pelos, patillas y barbas y sentí una alegría infinita al verme como soy oficialmente, con cara de gilipollas pero gustándome y sobre todo, reconociéndome ante el espejo.
Si, la fiebre hace milagros y con un buen brote febril, puedes hacer auténticas estupideces y hasta puedes llegar a tener verdaderos delirios de grandeza. Menos mal que la fiebre remitió a tiempo, sino ya me veía mañana currando con esas patillas de macarra y con toda la razón los pacientes dirían y ¿quién es el médico? ¿Éste no será?. La pinta era buena para currar en un spaguetti wester o ejerciendo de matón a la puerta de una discoteca. Pero bueno, asunto convenientemente corregido y pelillos a la mar.
Me acuerdo que de pequeño y cuando iba en el coche de unos tíos míos y de regreso a Vigo, que a mi querido primito, "Francisquito", (que me llevaba 2 años o ¿eran casi 3?), le daba por jugar a decir palabras largas, mejor dicho ellos tres jugaban a eso, pero sobre todo jugaban a ridiculizarme, pues les encantaba mofarse de que no supiera decir seguido: "supercalifrasquiliespiralidoso", pues siempre me quedaba trabado entre medias. Y más me quedaba, si esas tres hienas estaban pendientes de mí y para reírse en mi cara como verdaderos poseídos. Si yo volviera a reencarnarme, lo primero que haría en mi nueva vida, sería cargarme a estos tres elementos innombrables.
Porque lo que no era normal, era su nivel de mofarse de mí y de ridicularizarme hasta que me asomaban unas lágrimas que por mi orgullo, nunca dejé que me las vieran. Ellos escarbaban dentro de mis vergüenzas y complejos infantiles y no les llegaba con verme rojo, avergonzado, apenado y confundido y como buenos torturadores que eran, les encantaba meter el dedo en la llaga o sea, que eran implacables y por tanto carecían de la mínima piedad hacia su sobrino o primo. Yo no sé si acababa vomitando, porque siempre lo hacía por el mareo que me daba el coche que apestaba a perro sudado y mal lavabo o es que era por que dentro mí indignación se acumulaba de tal manera que final acababa vomitando, por supuesto, lo hacía fuera de aquél coche maloliente que apestaba perro. Uyyy!!! como se me ocurriera mancharles su cochecito con mi vomitona...pues allí mismo y entre los tres bichos, me cortarían los huevos y la cabeza. Y el resto se lo darían para que lo comieran los cerdos y porque estosanimales cuando tienen hambre, se comen lo que le echen.

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