es que nadie me obligó a hacerlo tal y como lo hice
y porque lo hice porque quise
porque me apetecía
porque me dió la gana
porque en ese momento me interesaba
y por el motivo que fuera.
Lo hice yo
yo con todo mi cuajo
y con todo mi convecimiento
y en plenas condiciones físicas y psíquicas
y libremente
y sin que nadie me pusiera una pistola en la nuca.
No puedo y no debo ir por ahí diciendo
que tú tuviste la culpa
que me llevaste a tu huerto
y allí, me hiciste un lavado de cerebro
y que así cambiaron mis sentimientos
sería tan fácil culparte y señalarte
y echarte toda la mierda y por mi cara bonita.
Hagamos un poco mejor las cosas
y vayamos al 50 % de culpabilidad para cada uno
y ni para tí ni para mí
y como no hay nadie más metido en este entuerto
por lo menos no lo hay directamente
pues...¡que remedio nos queda!.
Tú y yo hemos sido los únicos culpables
pero que lo seamos
tampoco nos debe llevar a cortarnos las venas.
Y porque en definitiva
lo hecho, hecho está (¡alea iacta est!).

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