¡ALEA IACTA EST!

 

La verdad es...

es que nadie me obligó a hacerlo tal y como lo hice

y porque lo hice porque quise

porque me apetecía

porque me dió la gana

porque en ese momento me interesaba

y por el motivo que fuera.

Lo hice yo

yo con todo mi cuajo

y con todo mi convecimiento

y en plenas condiciones físicas y psíquicas

y libremente

y sin que nadie me pusiera una pistola en la nuca.

No puedo y no debo ir por ahí diciendo

que tú tuviste la culpa

que me llevaste a tu huerto

y allí, me hiciste un lavado de cerebro

y que así cambiaron mis sentimientos

sería tan fácil culparte y señalarte

y echarte toda la mierda y por mi cara bonita.

Hagamos un poco mejor las cosas

y vayamos al 50 % de culpabilidad para cada uno

y ni para tí ni para mí

y como no hay nadie más metido en este entuerto

por lo menos no lo hay directamente

pues...¡que remedio nos queda!.

Tú y yo hemos sido los únicos culpables

pero que lo seamos

tampoco nos debe llevar a cortarnos las venas.

Y porque en definitiva

lo hecho, hecho está (¡alea iacta est!).













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