Y ANDANDO Y ANDANDO Y ANDANDO MÁS


30 de Agosto del 2.013 y viernes. Creo que hoy van dos semanas de mis vacaciones medio frustradas y por tanto y sumando y restando y si hace falta multiplicando, sólo me queda una semana libre de cargas. Pero bueno es lo que hay y hasta ese momento, a seguir exprimiendo limones del limonero. Me quedan tres o cuatro días de camping con mi hijo pequeño, en una cala preciosa de esta isla, Cala Galdana, se llama. Quizá sea una de las calas más tipo guiri, las hay más virgenes y tranquilas, pero no tienen camping y además ya estamos en Septiembre y el pescado está casi todo vendido y la cala ahora, empieza a ser para los autóctonos, por tanto la cala será para nosotros que no somos autóctonos pero que intentamos parecerlo. Hoy toca preparar tienda, sacos, cañas de pesca y demás parafernalia que se lleva en un camping. La comida queda para mañana y pasado mañana estaremos listos para nuestra gran la aventura. Hay que echarle cuento al asunto y poner más entusiasmo del que uno tiene.
Recuerdo el último viaje que hice con mi hijo pequeño y fue a Barcelona, tres o cuatro días maravillosos. Menuda paliza metí al chaval, mucho de andar a pie y poco de metro y venga a andar y andar hasta que ya no podíamos más. Como contraprestación al esfuerzo que hizo mi hijo, me tocó llevarlo a Cornellá, en concreto a los campos donde entrena el Barça y mala suerte la nuestra, era un día de concentración de selecciones nacionales, con lo que no pudimos ver a ningún jugador de los más importantes. Pero nos dió igual, es decir tampoco lloramos por ello, sólo comimos donde mejor pudimos y nos dirigimos la mar de contentos al Camp Nou, a ver las copas y más copas y el estadio y los 20 euros por cabeza, para semejante cuento chino. Pero como disfrutó el chaval, disfrutó como lo que es, como un niño y yo como soy otro niño pero más grande y más viejo, también disfruté como un niño viejo. Después tocaron dos tardes de cine y paseos y más paseos, y tantos paseos que aún recuerdo ahora, su cara de agotamiento. La mía no, pues ni tan siquiera se descomponía un poquito, de aquellas mi cuerpo funcionaba como si tuviera un motor de 300 caballos que se iba recargando sólo y por eso, cuanto más andaba más me iba recargando. Y poco más hubo, el esto del tiempo lo invertimos en desayunos, metros, comidas y por supuesto paseos, y paseos y más paseos y así hasta caer extenuados al llegar al hotel.




















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