INSONDABLE DOLOR SOLITARIO


 Aunque se diga que la vida es bella

que ahora para mí lo es

pero que no siempre lo fue

hubo tiempos oscuros y negros como el carbón

arrancado de las entrañas de la tierra

hubo días en que todo te indicaba

que tu única salida era caer en los brazos de la muerte

pero esa cobardía tan mía

o tan de aquellos tiempos

en que yo era un pobre desgraciado

que usaba la compasión como bandera

pues esa misma cobardía no me dejaba dar ese paso.

Hubo noches

que estaban inundadas de soledad

la cocina sucia y con un montón de platos apilados

y siempre pendientes de ser lavados, 

el sofá hundido en el medio y por desfondado

y lleno de agujeros de cigarrillos que se habían muerto allí, 

en el puto sofá

las azulejos del baño que demostraban

hasta que nivel podía llegar la mierda

la cama sucia, las sábanas no eran de tela

y eran de papel cartón

y hasta las podías poner de pie

y bailar con ellas.

Pero la verdad, es que no estábamos para bailar con nadie.

Y cuando salía la luna 

nunca te enterabas que había salido.

Y también estaba el perenne goteo del grifo oxidado de la

 cocina

la nevera, era la nevera de un yonqui con un yogurt caducado

desde hacía dos meses

y medio limón con moho oscuro y ennegrecido por el olvido

y esa era soledad de la mala

de la peor calaña

de la que te destrozaba el alma, el corazón y las entrañas

y de la que te hacía un inmenso agujero en el pecho

y allí, no encontrabas nada

estaba vacío de vida

ni pulmones, ni corazón, ni diafragma

sólo había un insondable dolor solitario

de un tío que se compadecía por la mala suerte

que el mismo se había buscado.
















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