Y de repente
me puse a temblar
suponía que era producto de la fiebre que me estaba
invadiendo
partía de ello
me identificaba con ello
y todo lo añadido
sería consecuencia del mismo punto de partida.
Ligero dolor de cabeza
el aire comprimido en el pecho
el sudor frío recorriendo mi cuerpo
la fotofobia y el entrecejo fruncido
y la desconfiaza de si todo aquello era cierto
en fin, si era yo
si yo era el dueño de aquella especie de teatro en plena
decadencia
y si aquellas voces que me hablaban a todas horas
también eran mías
y porque de repente se iban
y cuando menos te lo esperabas, volvían
y con sus fuerzas redobladas en número y en intensidad
y ese dolor sordo que había tenido aquellos días
de repente pasaba a ser un dolor punzante
y con cada latido se venía todo más arriba
y te anunciaba que iba a venir la siguiente ola de dolor
y al final, como una ola venía y con todo su estrépito
y mientras la ola seguía golpeando mi sien de roca
y mientras pasaba todo esto
los demás pensaban que algo te estaba pasando
no te veían tan ágil como siempre
ni tan rápido, ni tan inconsciente,
ni tan silencioso como lo eras antes.
Ellos buscaban sus propias razones
y tener sus propias conclusiones
desde luego, de tí no se fiaban
y porque pensaban que estabas actuando
que la fiebre era una simple fiebre de una noche de verano
que el ligero dolor de cabeza
era parte de tu propia parodia y paranoia
y que el sudor frío que recorría mi cuerpo
no era tan frío, ni tan molesto como yo decía que era.
En fin
que no me creían
que podía decir lo que fuera
que igualmente, no me iban a creer
siempre me pedían que dejara de quejarme
que ellos, también habían pasado por eso
y que acallar las voces era lo más importante
y a veces y sólo a veces
debería sentarme a hablar con ellas
y negociar los días en que se iban a presentar
y cuanto tiempo
y en que momentos
es decir
integrarlas en tu vida y en el día a día
y por fin cuanto tiempo le iba a conceder en cada sesión.
Porque todos ellos, me decían
más o menos lo mismo
yo he tenido conmigo todas esas voces
y tuve que entrar en negociaciones y pactos
y para poder respirar y vivir un poco mejor.
Al final te insistían tanto
que me senté a negociar con ellas
llegamos a un mutuo acuerdo
y una vez a la semana se iban a presentar
que ese día les dejara el espacio suficiente
para poder instalarse en mi sala de estar
que es donde suelo escribir mis historias
que sólo sería un día a la semana
que no hiciera de aquello otra causa perdida
y que no metiera en el mismo saco, todas mis causas
anteriores y actuales
y para así poder perderme en todas ellas en su conjunto
y haciendo causa común con esas otras causas
y que nada tienen que ver con ésta que ahora estamos
negociando.
Me pedían que segregara mis causas
que no las mezclara
que una es por esto
y que otra, es por lo otro.
Que no me dejara llevar por lo que dicen mis voces
que mantuviera un hilo de comunicación con la realidad
que ellos siguen escuchando esas voces
pero que al final, han conseguido domarlas
y concederles un pequeño espacio
dentro de la cabeza de cada uno.
Que hay que ceder
y a veces
con 5 minutos a la semana
se convierte en el tiempo suficiente
para escucharlas en su conjunto
y incluso, para escucharlas de una en una.
Que no se van a sentar a negociar contigo
si tú no les ofreces nada a cambio
que no pierda mi tiempo
si no les quiero dar nada a cambio.
Y yo les ofrezco menos medicación
y para que se sientan más tranquilas
y más sosegadas
que yo me comprometo
a dejarles un espacio y un tiempo mínimo
pero que ellas a su vez,
que bajen su tono
que no me griten tanto
que no me hablen todas a la vez
y porque un día de estos
va a estallar mi cabeza
y entonces y ahí,
no habrá ninguna negociación posible
y es que una vez que esté instalado en el otro lado
¿que me importarían las voces?.

No hay comentarios:
Publicar un comentario