Me encanta ésta foto. Un tiovivo en medio del duro granito de la Praza da Quintana (Santiago de Compostela). Parece una nave espacial que ha aterrizado en medio de la plaza y porque los extraterrestres también quieren disfrutar de la plaza. En ésta ciudad estudié y pasé y estuve, un millón de veces en ésta preciosa plaza compostelana. Si agudizáis mucho la vista, me veréis sentado al fondo a la derecha sobre un escalón de piedra (es broma), pero lo que quiero decir, es que ahí mismo me senté miles o millones de veces y hacia la zona derecha y a mwdia altura. A la izquierda está la misma Catedral de Santiago, siempre hermosa, bella y alucinante. En los buenos días de sol otoñal y primaveral (en invierno era casi imposible de encontrarte un día así), las escaleras que véis al fondo se llenaban de estudiantes bulliciosos (entre ellos, yo), nos poníamos a charlar como lagartos al sol que más calienta, mientras iba transcurriendo la tarde o la mañana a ritmo suave, lento y tranquilo. La acústica de ésta plaza era cuando menos que acojonante y un buen concierto en directo en ella, resonaba a música celestial. Cuantas conversaciones, risas, abrazos, besos, retendrán éstas ancestrales piedras. Y vuelvo a mirar ésta foto y no me pongo a llorar de nostalgia y alegría....porque después me tendría que secar las lágrimas. Y eso no me apetece. Prefiero sorber los mocos...y hacer que no estoy llorando. Claro que esas mesas y sillas que están en primer plano y que se suponen que serán de un bar (que en mis tiempos no existía), deslucen un poco la fotografía.

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