LA GRACIETA


 La vida es como las lentejas

o la comes o la dejas.

No hay más filosofía en éste asunto

ni hay puntos intermedios

ni suspensivos

ni etapas, ni descansos

ni atajos, ni hay más vueltas posibles.

O la cojes o la dejas.

Y todo lo demás, sobra

y si aún así hay algo más

serán florituras o adornos

que algunos sabios del lugar dicen

que así la hacen ser más apetitosa.

Y yo digo

¿y como si la vida no fuera lo suficientemente apetitosa de por

 sí?

Atractiva desde luego que es 

y más te parece cuando de chaval te dicen

y no te quejes chaval

si tienes toda la vida por delante

y tú piensas ¿toda?, pero ¿toda?, pero seguro ¿qué toda?

y te contestan, sí, sí y sí

y deja de preguntarme más tonterías, coño

y entonces y en ese justo momento

se jodió toda la magia que tenía el asunto

y así, tienes que volver a tu puta realidad.

Según el día

te podías imaginar tu vida

día malo o peor, negras sombras tendrá tu vida

día bueno, vida alucinante cuando menos

día extraño y raro,  

espero que la magia sea mi compañera de viaje

día nublado, tiene malos augurios

día lluvioso, será una vida pasada por agua

y así hasta el infinito y más allá.

Y todo esto que estaba diciendo

me hizo recordar la gracia que le hacía mi madre

una especie de pequeña placa de cerámica 

donde se veía a un pequeño burro 

con un rabo de pelo que aportabas tú

o que directamente te lo cortaba mi madre 

y se lo ponía al burro como rabo

y entonces la gracieta era 

que si tocabas el mechón de pelo y estaba mojado, es que había

 llovido,

si no lo veías, es que estaba nublado

si se movía mucho, es que había viento fuerte

y no veas la gracia que le hacía

y no veas la gracia que me hacía a mí

ver como se reía ella y porque esto que os estoy contando

tenía en ella un efecto rebote

pero un efecto rebote de verdad

y después de reírse a carcajadas no más de un minuto

ella miraba a su alrededor y buscaba enemigos para su guerra

 particular

Y cuando ella buscaba guerra

yo ya sé como acabaría la cosa

y paraba su mirada en mí

y yo deseando que me tragara la tierra

pero la tierra no me tragaba

y mientras mi madre se acercaba con sus zarpas

y para descuartizarme vivo

y no importaba ni el qué, ni el como

ni si había motivo suficiente para partirme la cara

el caso era que primero me la partía

y después, buscaba un motivo.

Y como siempre había algo pendiente

y porque yo tampoco era un santo inocente

al final, siempre encontraba un motivo.

Eran tiempos de hostias por todos lados

los curitas de se ponían morados de dar tantas bofetadas

todos los días del año

mi madre tenía el título de especialista en la materia

 la calle era una pelea tras otra

y si por lo que fuera

no querías pelea, 

entre todos te iban a poner bonito.

O te peleabas o entre todos te mataban.

Yo en la calle me tuve que pelear con todos

y no sé si era porque tenía una cara apropiada para que me

 pegaran

me refiero a como si fuera una atracción fatal

o era porque ya de aquellas

me encantaba vivir en los bordes del peligro.

Y claro me metía en cada una que te cagas.

Yo creo que eran las dos cosas

mi cara era atractiva para que los que querían partirme la cara

y que yo era más malo que el hambre

y no lo parecía, parecía un buen chaval

y cuando en realidad fuí, era y soy demasiado bicho.















No hay comentarios:

Publicar un comentario

YO PENSÉ QUÉ...

Yo pensé qué... yo pensé qué todo sería más fácil, que después del primer beso vendrían millones de besos, que después de aprender a hablar ...