Ataca la primavera
pero la primavera no ataca a nadie
y simplemente se abre y se muestra tal como es
y te demuestra que la vida no soy yo,
ni eres tú, ni es el otro,
y somos los mismos pero con otro decorado muy distinto.
Es más de flores, más de amores, más de sentir
los latidos de la naturaleza reviviendo.
No soy fan de la primavera
pero no es ella en sí la que me disgusta
y mi esceptismo hacia ella
es porque a sus espaldas está creciendo el verano
y porqué será su siguiente etapa
y yo tiemblo con solo tener ese pensamiento.
El verano es para esa secta que adora el sol,
acuden a playas abarrotadas
y porque les encanta vivir en hormigueros
donde se mezcla el olor del sudor con la crema hidratante
y hay gritos de niños por todas partes
y de fondo se puede escuchar
como rompen las olas sobre la arena.
Aunque de cada vez hay menos olas
y al mismo tiempo,
que esas playas se van quedando sin arena.
Dicen que es por fenómenos extremos
ciclones, tsunamis, el deshielo de los polos
lluvias torrenciales
vientos huracanados que lo arrancan todo
el fascismo descontrolado
y presumiendo de las barbaridades que dicen
y el Trump al frente de todo este tinglado.
Y todo esto rompe nuestro equilibrio
ya sea el emocional, el ambiental
y hasta el egocéntrico...
y entonces el panorama es de postguerra
todo roto y destruído
basura y ratas por todos lados
el cielo azul ha dejado de existir
y siempre es gris tirando a negro
el mar está sumamente cabreado
y rompe diques y destroza pueblos enteros
a veces el viento se calma tanto
que parece que vivimos dentro de una bola de cristal
y en cambio otras veces
azota con inusitada fuerza y se hace galerna
y todo esto, doblega al ser humano
y lo hace adicto a las predicciones del tiempo
y de las guerras que va montando el señor Trump.

No hay comentarios:
Publicar un comentario