LAS TRADICIONES Y SU GUARDIA PRETORIANA

No cambian las cosas, nosotros somos los que hacemos que puedan cambiar las cosas: su orden, su forma, su estilo, su alma, su sentido y contrasentido y cuando ya están cambiadas...hay algunas personas que se asustan, pero yo sé y de buena tinta, que ya nacieron asustadas. Claro que a esto le llaman ser tradicional y respetuoso con el pasado y nadie se da cuenta, que son dinosaurios que viven en el paleolítico, pero ellos hablan de respecto y yo hablo, que me faltan al respecto cuando quiero hacer algo nuevo, algo distinto, algo innovador, algo diferente a lo que siempre se hizo...y señores el mundo avanza y gracias a los que nos arriesgamos un poco o un mucho y no gracias a esas momias tan propias del paleolítico.

Ellos hablan de tradición y yo hablo que no me toquen los cojones con tanta tradición rancia, oxidada y con olor a alcanfor y naftalina. Y nada se les puede decir a esta especie de flores tan delicadas y que forman parte de la secta de las tradiciones. Se consideran los sagrados guardianes de las tradiciones y si en esa fiesta determinada y por ejemplo si hasta ahora no podían participar las mujeres, pues para esto están éste tipo de guardianes y para que la mujer no siga participando y porque la tradición así lo dice. Y además, todo dios les debía dar las gracias a este tipo de guardia pretoriana pues gracias a ella, las viejas costumbres nunca cambiarán su ruta y ni ahora ni nunca.











 

EL CEREBRO...

 

El Cerebro es rugoso, porque la vida es rugosa y por eso tiene tantos recovecos y el Cerebro está lleno de detalles que no todos se pueden ver a simple vista por nuestros propios ojos y por eso la vida es una suma de detalles insignificantes y no una suma de grandes hechos imponentes que entran por nuestros ojos como si fueran diamantes en bruto y nos hemos quedado alucinados, pero no nos hemos enterado de casi nada. De hecho, si tú me regalas una flor, yo te daría un beso y no sigo..., porque al final, acabaríamos en la cama o haciendo el amor en la cocina de tu o de mi casa y entre cuchillos, tenedores y un buen montón de platos, nos daríamos un gran banquete de sexo y de todo lo que tú quisieras y al que solo los dos estaríamos invitados...

Yo no soy un tío de orgías y de no saber que polla te estás comiendo o cual es la que te está dando por culo y con ese inusitado entusiasmo. Yo quiero saber quién me le está metiendo y a quién se la estoy chupando. Necesito ver sus caras, sus cuerpos desnudos sudando como burros, sentir su aliento de animal en mi nuca y quién me mira mal y quién me mira bien y también saber si alguien se ha colado en mi fiesta y por su puta cara. En fin, yo necesito saber todo lo que pasa a mi alrededor y por eso prefiero hacer las cosas y demás guarradas, en petit comité.













JOSÉ SARAMAGO


 

Y ASÍ ERA YO A MIS 20 AÑOS

 

Por un momento me sentí aquél que antes era

me senti joven

me sentí valiente

me sentí pletórico de sentimientos

sembraba tempestados

y recogía amores tras cualquier esquina. 

Amaba tantas cosas

salía de casa y me sobraban las ganas

las ganas de sentir, de ser, de estar

de existir y de vivir

me sentía tan grande

y tan audaz

que hasta me llegué a preguntar 

¿que me estaba pasando?. 

Me sentía tan enorme y tan libre

que hasta llegaba a pensar

 como podría flotar y volar siendo tan enorme

pero eso tampoco me preocupaba mucho

y porque lo mío era seguir andando

y hacia delante y sin mirar atrás

de aquellas no le daba tanta importancia al pasado

y me preocupaba mucho más el presente y el futuro

y hoy ¿qué voy hacer?

y dentro de un mes me haría la misma pregunta

y nada de aquello que decía, ¿que fue de nosotros?

lo que fue ya estaba hecho

y por tanto, ya formaba parte del pasado

y había tantas cosas por sentir y por amar

que sin darte cuenta

el mundo se te hacía demasiado pequeño

y entonces te volvías a sentir un gigante

que sacaba a pasear a su perro llamado, mundo.

Estaba más cerca del cielo que de la tierra madre.

y así era yo a mis 20 años.













LAS TRADICIONES Y SU GUARDIA PRETORIANA

No cambian las cosas, nosotros somos los que hacemos que puedan cambiar las cosas: su orden, su forma, su estilo, su alma, su sentido y con...