COINCIDENCIAS Y OTRAS PEQUEÑAS HISTORIAS (Primera parte)

  

Claro que yo no sólo leo noticias que salen por las redes sociales, también lo hago por el periódico impreso y sea local o general, así como de revistas solo leo el "Pais semanal" que ya no es el de antes o el que era y por eso lo leo, pero al fin y al cabo, lo leo aunque menos que antes, también tengo confecionada una lista de mis Blogs preferidos y que de vez en cuando repaso y ahora (para mí) gran problema es que llevo unos dos o tres años sin leer un libro entero y por ejemplo leo poemarios parcialmente, pero eso sí, muchos y muy variados y he dejado completamente de lado, mi pasión por los novelas tipo novela negra. Creo que lo último que leí de novela negra fue "La trilogía de Baztán" de Dolores Redondo y desde esas he cerrado esa puerta...pero no del todo, porque volveré a meterme en ese tipo de lectura y porque con ella disfruto como un jabato. Y entre mis Blogs favoritos hay uno que destaca especialmente y porque me encanta como escribe su autor. Lo sigo y lo sigo fielmente y además observo como va mejorando su estilo, su prosa y lenguaje. El Blog se llama "Glup 2.0" y su autor es Pedro M. Martínez. Me encantó desde un principio y lógicamente tiene escritos que para mí son infumables (como los tenemos todos), pero tiene muchos más que me resultan ser maravillosos. Tiene un estilo muy propio y el surtido de cosas de las habla, opina y describe, que solo puede entrar en el calificativo, de lo bestial. 

Y además y para mi sorpresa coincido con él en alguno de sus rincones preferidos. Por ejemplo, Fisterra (Costa da Morte) con su hermosa playa da Langosteira y habla de ella con el mismo cariño que hablaría yo. Hermosa playa atlántica de arena blanca, con un pinar por detrás y yo hablo de hace 35 años y no sé si ahora le quedará un solo pino en pie. Durante unos pocos años yo viví en un pueblo de al lado, en Corcubión, que es un pueblo que nunca podré olvidar y por lo precioso que es. Pues de aquellas tenía una novia de varios años con la cual nunca habíamos vivido juntos y aquél año y por lo que fuera (cada cual tendría sus propios motivos) decidimos irnos a vivir juntos a una especie de chalet de mala y peor calidad. No tenía vistas al mar y eso ya de por sí le restaba muchos puntos. Por las paredes afloraban profundas humedades que dibujaban unos horrorosos manchones negros. Mal orientada al sol y como en aquella zona no paraba de llover en todo el año, pues os podéis imaginar el panorama. Pero yo de aquellas yo me sentía fuerte ante las adversidades y la pinté entera por lo menos dos veces. Instalé dos potentes estufas de leña, una en cada extremo de la casa, aunque más adelante y dada la potencia de una de ellas y como que la casa no tendría más de 100 metros, iba sobrado con la más potente. La casa a su alrededor tendría un terreno de unos 300 metros, que era una extensión que no servía para ni para hacer un huerto. Solo servía para meter los coches, tirar toda la leña que nos traían en tractores y para tender la ropa. Tenía solo un triste y penoso sauce llorón que estaba justo a la entrada de la casa, que daba más pena que gloria y porque ya estaba en una zona más bien sombría y solo faltaba que el puto sauce llorón no dejara entrar ni un rayo de sol.

















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