Pues le puse ganas a la casa, pero poco a poco me fuí dando cuenta que yo era el único que le ponía ganas al tema. Le ponía ilusión, tenía iniciativas, pensaba en posibles proyectos para mejorar nuestra vida casera. Hasta me dije, aquí nos falta un perro y sin pensármelo dos veces, me compre uno. Pero ni con el perro mejoró la cosa. Estaba claro que faltaba la sustancia que mueve la vida, el amor. Cada vez más lejos el uno del otro y aquella especie de supervivencia previamente pactada, se convirtió en una puta tortura cotidiana. Ya no se hablaba de nada o si se hablaba era de muy mala gana. Dejó de haber planes de fines de semana juntos o paseos por la tarde con el perro y porque aquél pozo estaba demasiado seco como para que algo sano fluyera por él. En resumen, caos y destrucción y eso nos llevó inevitablemente a la mutua destrucción. Era como tener el enemigo dentro de tu casa y porque los dos convivíamos pero siendo de cada vez más enemigos el uno del otro. Teníamos amigos comunes y éramos un grupo de amigos de los que salíamos por las noches en los fines de semana y cuando uno de los dos estaba pasado de límite era un verdadero peligro para el otro y si a la vez los dos estábamos pasados, el tema era demasiado peligroso para cualquiera de los dos o para los dos.En estos casos era mejor no saber nada del otro y que cada uno volviera a casa como mejor pudiera. Al día siguiente no se hablaba nada de la noche anterior y porque era lo mejor para no hacernos más daño. Tapar y olvidar y si no eras capaz de hacerlo a pelo, pues para eso estaban las drogas y que por aquella esquina del mundo circulaban en abundancia.
Ella, al cabo de unos meses se acabó hiendo pero sin irse del todo y porque como también pagaba su parte de la casa, de vez en cuando se presentaba en un fin de semana y aquello para mí era terrorífico y porque de alguna manera yo no me sentía con fuerzas como para vivir solo y su sola presencia alteraba mi desiquilibrado equilibrio. Yo en teoría quería volver con ella, pero volver ¿a qué? me preguntaba al día siguiente, si ya no había nada, si ya no quedaba nada, si todo lo poco que hablábamos eran unos malos rollos que te cagas. Si había más ira que otra cosa. Si uno le echaba la culpa al otro y el otro al uno y el único futuro que podía tener este tema, era el mandárnos mutuamente a la mierda. Yo lo sabía, yo lo entendía y solo faltaba dar ese definitivo paso. Pasé dos meses hundido en el lodo, dos meses infernales, pero por fin al cabo de ellos, mejoré un poco de mis penas y me fuí con un amigo a los Carnavales de Cádiz y como ya había mejorado bastante pues era lo mejor que podía hacer. Rápidamente me olvidé de ella y en una semana parecía que habían pasado años y que todo formaba parte de una antigua pesadilla. En Cádiz sufrí aquellos Carnavales (no me gustan los Carnavales), pero me sirvieron para curar mis heridas definitivamente. Además en el penúltimo día me quedé enganchado a otra mujer y me quedé tan prendado de ella que más tarde me enamoré como un piojo. Pero esa será otra historia que contaré otro día. De Cádiz me quedé enamorado de su espléndida y luminosa luz, de sus inmensas y hermosas playas, de sus marismas y de la mujer de la que me había enamorado.
Y volviendo al Blog "Glup 2.0", el autor también habló y repetidas veces de las marismas de Cádiz y como mostraban una belleza tan especial que solo unos pocos hemos sido capaces de apreciar. Entre otras cosas me unen con él, esos dos rincones, la playa de Langosteira en Fisterra y las maravillosas Marismas de Cádiz, San Fernando y Chiclana.

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