¿Quién soy yo para decirte que te quedes?
mi fuerza moral no me lo permite
y porque si yo estuviera en tu caso
haría lo mismo que tú haces
y porque cuando el hambre aprieta
y la miseria es tu bandera del día a día
no hay mucho más que se pueda decir o hacer.
Hay consejos que sobran
antes de que salgan por tu boca
y yo no te puedo proponer
que vuelvas sobre tus pasos
y hacia el mismo sitio del que habías huído.
No tengo esa fuerza moral tan equivocada
ni esa capacidad tan inhumana.
Pero claro
ahora que yace tu cuerpo sobre la arena
mi mente es asaltada por un millón de preguntas
y todas van dirigidas hacia tí
hacia tí que ahora yaces muerto ante mí.
Y saber de donde vienes
no alivia mi dolor, ni mi curiosidad malsana
yo sólo sé hacia donde te dirigías
hacia una tierra sin hambre, sin guerras fraticidas
sin abusos sexuales y sin miseria por las calles
y de nuevo tendríamos que volver a hablar sobre el hambre
y porque el hambre es el verdadero motor de tu historia
y un día saliste como una exhalación
y al cabo de unos meses
tu cuerpo yace aquí muerto y besando la arena.
Y esto no es ninguna paradoja
ni es un cuento recién inventado
o que yo me haya sacado del bolsillo
en ésta tarde de verano.
Esto es el día a día de muchos seres humanos
que siguen huyendo del hambre.

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