MI CRÓNICA MARCIANA

 Y hoy aún no escribí mi crónica diaria. Claro, con tanto lío de amistades y de manías y demás tonterías, se me fue el santo al cielo. O sea que ahora empiezo. Y hoy es día 17 de Septiembre de 2013 y es Martes y ya se sabe: "martes no te cases ni te embarques". Casarme ya me llegó con una vez y no lo critico, pues pienso que la otra persona merece todos mis respectos y es más, es una persona ante la cual habría que quitarse el sombrero. Pero yo me refiero alegóricamente, es decir que ya sé lo que es casarse y ahora por lo que sea, es lo último que quiero y que necesito, ahora voy por libre, si cae algo, pues vale y si no cae, pues también. Y lo de embarcarse lo tengo más fácil, porque no me importaría y además vivo en una Isla y una isla ya se sabe, el mar la rodea. Y embarcarse no sólo es montarse en un barco, también es embarcarse en algo, en alguna aventura o en alguna tarea pendiente o en algún marrón quehas dejado sin resolver. Todo puede ocurrir en la viña del señor.

Mi crónica marciana de cada día, buff¡¡ como necesitaba contarla. Hoy volé en avión a Mallorca (la isla mayor de las Islas Baleares) y lo hice 4 veces y la verdad es que todo fue en plan batidora, pues era día de tormentas y de tormentos y aquello se movía que no veas. Me llevé dos pacientes y uno era un tío de mi edad, que estaba con el corazón partío o sea que había tenido un infarto, pero que ahora ya estaba bien y ya dispuesto a tener el siguiente. El tío me recordó un tío mío, pero tío de familia y por varias cosas. Primero, que era fumador empedernido y ahí también me incluyo yo (me incluía, ahora estoy en el 2.022 y hace 7 años que no fumo). Segundo, porque era obeso como un cerdo atiborrado (más de 130 kg.) y tercero, que era un tío soltero, pero soltero descuidado y tal y como era mi tío carnal. Entre su gordura viciosa, pues los triglicéridos los tenía por las nubes y entre que era un goloso vicioso, el azúcar lo tenía disparatado y el descuido personal que llevaba encima, pues daba un olor a rancio lechoso y mezclado con sudores  antropológicos que ya quisieran algunos poder oler y por último, con unas uñas de los pies con las que podía escalar el Everest sin usar el piolet. Pues el conjunto era eso, todo un poquillo grimoso y asquerosillo.

Y también me recordaba por su dejadez personal a mi tío carnal. Aclaro que a mi tío yo no lo ví como llevaba las uñas de los pies, ni ganas tenía de hacerlo. O sea, que el tío era un comilón empedernido, un chuchero, un fumador excesivo, un bebedor y supongo que un putero. Todo un señor o todo lo que debe ser un señor que se precie en plan machirulo y este lo era. Lo de putero no se lo pregunté, pero pensé que ya venía en el paquete o en el kit. O a lo mejor al relacionarlo con mi tío carnal, lo pensé, pues mi tío sí que lo era y murió por todo eso: por tanto exceso, por tanto comer, beber, fumar, joder y esnifar no, porque de aquellas no se esnifaba como se hace ahora, sino seguro que él estaba y de primero (o eso, quiero suponer, porque la verdad de la verdad, no sé cual fue). Por cierto, que era el tío más imprevisible de la tierra y era capaz de cambiar de carácter en tan sólo medio segundo. Pasaba de la euforia al cabreo y al revés y eso lo hacía varias veces en 5 minutos. O sea que te podía regalar un paquete de cigarrillos de la mejor marca y a continuación, te daba una hostia de propina, o darte primero una propina de verdad, léase 100 pesetas de aquellas (que era un pastón para un chaval) y a continuación, compensarte con otra manada de hostias.


 



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