¿SOMOS MÁQUINAS O SOMOS ROBOTS TELEDIRIGIDOS?


La verdad es que los que somos idealistas, lo somos de verdad y por eso me temo, que lo seguiremos siendo. Y lo digo porque estamos en el año 2.026 y aún sigo esperando unas palabras de agradecimiento port seguir en pie y bregando en toda la puta pandemia. Y eso que tenía de aquellas, 63 años y con muchos ingredientes de riesgo: hipertensión, diabetes tipo 2, la edad y mi claudicación intermitente, la cual no era tener un intermitente y para señalar que me desviaba hacia lado o hacia el otro, sino que era que cuando andaba 300 metros y sólo 300 metros me quedaba varado y lastrado por el dolor que se me producía en los gemelos. Estaba jodido, estaba realmente bien jodido y todo esto sumado era como si llevara encima un puto cóctel molotov y que podía explotar en cualquier momento. Y yo me paré para valorar y sopesar si merecía la pena correr tanto riesgo. Y lo hice, pero a mí lo que realmente me puede es que soy demasiado iluso, iluminado y demasiado idealista y creo que esa decisión estaba tomada desde hace mucho tiempo y mucho antes que la puta pandemia de los cojones presentara sus credenciales. Digamos que no pasé por ninguna otra pandemia y me enfrentaba al primer marrón en este aspecto. Menudo marronazo, me dije muchas veces. Pero claro uno no sabe donde se mete hasta que te has tragado el sapo. Una vez tragado no tenías otro remedio que seguir para adelante y sí o sí. La marcha atrás nunca fue contemplada como una posible solución. Con la posible marcha atrás se me iban la honradez y la dignidad de paseo y yo sé que sin dignidad no soy nadie y por eso éste camino estaba totalmente cerrado. No era posible ir por ahí. Tenía que seguir hacia delante como fuera y con la dignidad entera.y así lanzarme a la piscina de cabeza y sin pensarlo más veces. La decisión estaba tomada y no había vuelta atrás. Hay un punto, en que las cosas las haces o no y ese es un punto de ebullición donde todo el cuerpo te arde y hasta la sangre burbujea por estar tan contenta y tan alegre. Las burbujas son las carcajadas de la sangre. Tomar una decisión es tiene mucho más importancia de lo que nos queremos creer. Tomar esa decisión y después y poco a poco vendría ese aluvión de otras pequeñas decisiones y que serían consecuencias colaterales de la decisión principal.

Bueno, volvamos al principio y para no perder el hilo de la cuestión. Y yo me concedo mucho mérito por mi comportamiento inicial y porque me sentí valiente y decidido y dispuesto a dejarme hasta el alma en esa lucha contra la pandemia. Yo mismo me felicité muchas veces y porque además que otro remedio tenía, no tenía otra y porque además una de las cosas que aprendí en esa pandemia, es que cuando entra el miedo en la sociedad y como si fuera un bisturí no muy afilado pero eso sí, eficaz, el miedo hace que cada uno busca la visión de su propio ombligo. El miedo te da una visión en túnel que siempre acaba en el ego de tu propio ombligo. Y por eso te encontrabas gente que nunca te iba felicitar y como no lo hicieras tu mismo, nadie te iba a felicitar. Claro que a veces hay que saber ponerse en el ombligo de los demás y así pensar que lo que me pasó a mí, les pudo pasar a los demás. Que seguro que también les pasó lo mismo o algo parecido y esperaban esas felicitaciones y por su labor y su trabajo y que nunca les llegaría. No sólo eres tú y somos todos.

Y visto esto, tendría que decir que tuve algunos compañeros de mi trabajo que se comportaron como unos auténticos cobardes. Se inventaron bajas laborales y cuando la realidad era que tan estaban acojonados, que ahora que lo estaba pensando, quizá y digo quizá, pienso que en esas condiciones de miedo y de cobardía fue lo mejor que pudieron hacer. No los disculpo pero tampoco me gusta regodearme en los malos y peores momentos y señalar personas y compañeros y como si fueras un puto chivato vengativo. No quiero sentirme de esa manera y como si el barco hiciera aguas antes de empezar a navegar. No todos somos iguales y menos que no lo somos y porque entonces no seríamos seres humanos con un distinto control de sus emociones. Y porque en eso se basa todo éste sistema que nos hemos montado y es que cada uno es diferente al otro y eso no ofrece ninguna duda y eso nos enriquece como personas que somos. Si todos fuéramos iguales y tuviéramos el mismo comportamiento, no seríamos seres humanos y habría que hacerse una pregunta evidente ¿somos máquinas o somos robots teledirigidos?.















No hay comentarios:

Publicar un comentario

YO ESCOGÍ ÉSTE OFICIO

Yo escogí éste oficio, digo...el de ser médico, el de escribir... vino después, mucho después, fue tanto después... que no me acuerdo del ti...