Y no sé como he llegado hasta aquí
y eso me digo a mi mismo todas las noches
y justo antes de irme a dormir.
Aunque habría que decirlo todo
y porque al cabo de un minuto me vuelvo a contestar a mi
mismo
y me estoy diciendo... ya que he llegado hasta aquí
no me lo pensaré dos veces más y entonces entono mi
conclusión final
¡pues prosigamos sin más!.
¿Ventajista?, pues puede que lo sea
pero sería un tío demasiado tonto
si no supiera aprovechar ese pedazo de ocasión.
Si me dan un tiempo extra
o me hacen correr en una carrera de 100 metros,
80 metros y no más...
pues ¿quién diría que no?
Yo creo que soy lo que quiero ser
y si me arrepentiera de algo
puede que dijera
me gustaría haber sido más tramposo
y mucho menos sincero de lo que fuí
y porque por esa sinceridad me he comido miles de hostias
y además la otra pregunta del millón sería
¿que he ganado yo con mi sinceridad?
aparte de las hostias que he recibido
pues más hostias, más palos y más traiciones
y más puñaladas en mi espalda.
No he recibido nada bueno
por llevar la sinceridad como bandera.
Claro que casi todas las banderas
no te suelen llevar por el mejor camino
o por lo menos, por el camino que tenías trazado en tu mente
y de ahí viene esa otra reflexión que más o menos dice:
a veces, hay que saber dar un paso atrás
y para reconducirte de nuevo
por el mejor camino.
Si los objetivos pueden cambiar
porque no se va a poder cambiar la táctica
que a lo mejor te está diciendo
por aquí, no y por aquí, sí
y por aquí, no sé si será posible
y de esa conjunción de posibilidades
tendrán que salir las más sabias de tus decisiones.

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