No hay nada más perfecto
que todas mis imperfecciones
que son perfectas para un tío imperfecto,
como yo siempre lo he sido.
Es decir, soy un tío imperfecto que
me encuentro perfectamente adaptado a mi medio.
Todo es perfecto en un mundo imperfecto
la duda, es perfecta para llegar a la verdad
sin dudas no habría mentiras y verdades
lo nuestro sería una burda mentira de una tarde de verano
y eso que estábamos bajo un frondoso pinar que regalaba
piñones
a quién se atreviese a trepar por su viejo y grueso tronco
viejo y sabroso manjar el de los piñones
y vieja sombra agradecida la de aquél añejo pinar
y sobre todo bajo aquél sol infernal
que nos ponía como locos enfurecidos en busca de un oasis
en un desierto inexistente.
Con el sol de cara
yo hice las peores atrocidades de mi vida
y sin saber si el que venía de frente o por mi espalda
venía en son de paz
o si venía a matarme en nombre de la maldad de uno
cualquiera
y yo en cambio de preguntarle a que venía
me tiraba a su cuello y se lo cortaba de cuajo.
Aún hoy en día
sigo afilando mis antiguos cuchillos
lo hago porque siempre lo hice
y por si acaso alguien me recuerda malamente
y piensa que la solución está en degollarme
y para darle de comer a los tiburones
que en mis sueños siempre me persiguen por la mente.
Y el tío va y se piensa que me está haciendo un favor.
Y la solución no es esa
y lo digo yo, que soy el que se juega el cuello
y la solución está en descifrar el jeroglífico que tengo
dentro de mi cabeza,
no sé empecé por lo perfecto e imperfecto,
seguí contigo y los pinos
y que alguien me venía a degollar por parte de otro alguien
que era más malo que el hambre
y sigo sin poder resolver como acaba mi jeroglífico
y no sé si acabaré muerto y asesinado
o me salvaré en el último instante
y the end y éste cuento por hoy se da por acabado.

No hay comentarios:
Publicar un comentario