ALEX LÓPEZ


 ¿Por qué se debe contestar cada publicación en redes de la extrema derecha sin dudarlo un instante?

Muchas veces mis amigos (y vosotros) me preguntan por qué dedico tanto tiempo a contestar con mis publicaciones a la extrema derecha.
“¿Por qué le dedicas tanto tiempo a contestar en redes a gente como Abascal, Alvise o Daniel Esteve? ¿No es mejor ignorarlos para no darles visibilidad?”
La respuesta corta es que no creo en ignorar a quien intenta romper lo que tanto nos ha costado construir. La respuesta larga tiene que ver con la Teoría de los Cristales Rotos.
En 1969, el psicólogo Philip Zimbardo hizo un experimento dejando dos coches idénticos en dos lugares opuestos: uno en el Bronx y otro en Palo Alto, una de las zonas más ricas de California. El del Bronx duró intacto pocas horas y fue vandalizado el mismo día.
En cambio, el de Palo Alto estuvo una semana impecable... hasta que Zimbardo fue y le rompió un retrovisor y un cristal de un martillazo. En cuestión de días, el coche del barrio rico quedó igual de destrozado que el del barrio pobre.
A raíz de esto se construyó la célebre metáfora del edificio: si en una fábrica se rompe una ventana y nadie la arregla, el mensaje que se envía al barrio es de abandono e impunidad. Al poco tiempo romperán otra, luego otra, y en menos de lo que esperamos el edificio entero estará en ruinas. ¿Cuántas veces nos hemos cruzado con una de esas fábricas incluso en nuestros barrios?
El problema nunca es la ventana en sí, ni si el barrio es rico o pobre, sino lo que la impunidad autoriza a hacer después.
En redes sociales pasa exactamente lo mismo.
Cada bulo, cada discurso de odio, cada mensaje de Abascal insultando gravemente al Presidente del Gobierno, cada deshumanización que hace VOX de la inmigración, cada insulto racista y cada ataque a las instituciones de la extrema derecha es ese primer martillazo.
Si no se contesta, si miramos para otro lado pensando que no hay que darles voz, lo que estamos haciendo en la práctica es validar y legitimar su destrozo.
Se normaliza lo salvaje, se degrada el debate público y ese edificio común llamado democracia se va resquebrajando sin que nadie mueva un dedo. Por eso publico mis contestaciones, trato de desmontar el relato y los señalo directamente. Aunque me cueste insultos y amenazas.
No lo hago para convencerlos a ellos; no soy tan idiota, sé de sobra que no van a cambiar, ni para entablar un debate asimétrico. Lo hago porque el público de esa publicación no son ellos: sois todos los demás.
Señalar sus mentiras con datos, ponerles nombre y apellidos y responderles de forma clara sirve para tres cosas fundamentales:
Frenar la normalización: Recordaros a la mayoría silenciosa que lo que dicen no es normal, no es aceptable y no nos vamos a acostumbrar a ello.
Reparar la ventana en público: Mostrar que hay resistencia, que el espacio digital no les pertenece en exclusiva y que la impunidad se ha acabado.
Desmontar el marco: Si no señalas el bulo donde se produce, la mentira viaja sola y termina convirtiéndose en opinión.
Democratizar el espacio público costó vidas y generaciones de esfuerzo. No vamos a regalarles la calle digital ni vamos a ponérselo fácil mientras intentan tirar abajo la casa común.
Si ellos rompen una ventana, a mí me vais a encontrar ahí: reponiendo el cristal, señalando al responsable y recordando que este edificio se defiende.
Por eso importa, y por eso voy a seguir haciéndolo.
Solo os pido que me ayudéis a compartirlo y a construir con nuestro grano de arena el muro de contención de la resistencia.
¡Vamos!

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