MI TODOTERRENO

Y dando más vueltas sobre mi puñetero viaje de 7 días en Agosto y tengo que corregir un hecho y para mí muy importante y ese es que no realicé ese viaje  en el 2.021 sino que fue en el 2.015 y me acuerdo por que estaba estrenando mi último coche en un largo viaje y mi coche tiene ahora 11 años y unos pocos meses. Me acuerdo muy bien y porque aparte de la razones que expliqué en otros escritos, entre ellas estaba que quería saber como se iba a comportar mi coche en un largo viaje, saber como aceleraba, si tenía potencia suficiente, si se agarraba bien a la carretera, si frenaba bien o mal o regular y si era lo suficientemente cómodo para realizar un largo viaje. Yo no sé mucho de coches, digo en plan mecánica de motor, pero me encanta conducir y eso también forma parte de como disfruto un viaje. Y eso que desde hace unos años bajé mi velocidad de conducción y desde esas ya no aprieto tanto el acelerador, pero que conduzca a menos velocidad que antes, no quiere decir que no me encante conducir. Empecé tarde a conducir y porque entre otras cosas me saqué el carnet de conducir sobre los 35 años y vivía en Corcubión (Costa da Morte) y lo más curioso del caso, es que primero me compré el coche. Era un Misubitshi Pajero, un todoterreno verde precioso que lo habían traído drectamente de Alemania y los mendas que me lo vendieron me decían, éste es un cochazo y hasta el año que viene no iremos a Alemania a por más coches. Y entonces y como era un pringado y novato en éstas lides, piqué en su anzuelo y se lo acabé comprando. De todas formas aquél coche era pura potencia y subía las cuestas más empinadas como si fueras montado en un cohete. Yo aún sin carnet lo había probado varias veces y estaba totalmente entusiasmado con aquél cohete con cuatro ruedas. 

Me acuerdo que la médico del pueblo a que a veces sustituía y que en los 4 meses de verano trabajaba yo como médico de refuerzo de verano, pues la tipa tenía un marido de esos que saben de todo y según él había tenido un todoterreno hacía bastantes años, pero él se declaraba conocedor de estos coches y un día y no sé muy bien si yo se lo pedí o el simplemente se ofreció a ir conmigo y para enseñarme los cuatro truquitos de este tipo de coches. Y así quedamos un día precioso de necesidad y para irnos al monte a conducir el coche y cuando llegamos al monte me dijo ahora hay que subir por esa ladera que tenía una pendiente del 80% o algo parecido y estaba llena de grandes e inmensas rocas y con unos matojos más grandes que mi persona. Y lo dijo y no esperó más y puso la reductora y el coche empezó a dar unos bandazos tremendos y mientras yo estaba oyendo como aquellos inmensos matojos iban rayando mi precioso coche. Y cuando llegamos arriba, al punto más álgido de aquella ladera, le pedí que parara y para poder comprobar que el coche estaba completamente rayado. El tío intentaba explicar que para eso está un todoterreno y yo sé que le dije, que cuando él se comprara uno lo podría rayar como él quisiera, pero ahora había que aclarar que el coche era mío y me negaba a que le rayara más. Bajamos la ladera con sumo cuidado y los dos en completo silencio y porque yo estaba convencido de que me había rayado el coche porque no era suyo y eso de alguna manera le divertía y él estaba convencido de que yo nunca aprendería a utilizar un todoterreno en el monte. Y yo pensaba, pues si no aprendo a usar un coche como éste en el monte, pues no me iba a pasar nada, pero aquél sufrimiento que yo llevaba por dentro y por el maltrato que estaba recibiendo mi querido coche, yo sí que quería quitármelo de encima. Y yo también pensaba en que podía valer todo aquél destrozo sobre aquella preciosa pintura verde oscura y metalizada. Por supuesto, nunca más se lo dejé conducir y preferí dejarlo aparcado a la puerta de mi casa.

Pues más o menos al mes siguiente me saqué el carnet de conducir. Y estuve como dos meses disfrutando como un loco y porque me encantaba especialmente conducir aquél coche. Pero a lo largo de mi vida, aprendí que las cosas buenas duran lo que duran. Y un día en que nos habíamos ido de romería a una pequeña aldea de mi pueblo de Corcubión y la romería se hacía bajo una preciosa carballeira (bosque de carballos o robles) y allí nos pusimos todo ciegos (cosa que para nada era raro en aquellos tiempos). Y yo con el pedo que llevaba me empeñé en conducir mi precioso coche y en una de esas curvas tan gallegas y tan cerradas me salí por la tangente y me tragué un pino enterito y que en fin, que nos metimos una hostia que no veas. Y tuvimos suerte y porque tres tuvimos simples contusiones pero una de ellas sufrió una fractura de muñeca, que por supuesto se encargó el seguro hasta su total curación. Total, que llevaron el coche al taller y allí me dijeron que se había doblado por su eje y que había que estirarlo a tope y que no podían asegurar que al final se quedara bien del todo la dirección del coche. Y yo que me había quedado totalmente hecho polvo después de la hostia les dije que prefería que ante todo mi coche fuera seguro. Y en eso, les llegó un Golf nuevo y sin estrenar y que harían una buena rebaja si les entregaba el todoterreno. Y hasta ahí mismo llegó mi relación con mi todoterreno. Y sólo  duró dos meses y a tomar por culo.

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