VALENTÍN TOMÉ. "El otro Marruecos"

Afortunadamente he podido viajar bastante a lo largo de mi vida, siempre por mi cuenta, nada de viajes organizados por agencia. Por eso puedo afirmar que de todo el Magreb no he visto país más abandonado de todo Estado de Derecho que Marruecos. Quién haya conocido el Marruecos lejos de las postales turísticas sabe de lo que hablo. Miseria, analfabetismo, hambre, enfermedad, corrupción generalizada en las microélites de poder. Esa gente sobrevive gracias a las redes comunitarias que han formado, en la que uno deja de comer un día para que coma otro, o se reparten las dádivas del turista, o comparten el mismo burro famélico y extenuado para que mueva el molino. De todos, el verdadero intocable es el bereber, su verdadero poblador autóctono y sin embargo, el escalafón más bajo de la sociedad marroquí, al que le está vedado cualquier derecho de los pocos que disponen los "árabes" civilizados, para ellos son las tierras infértiles del Atlas o el Rif. Entiendo que toda esta realidad se silencia en nuestro país pues el Reino de Marruecos es lo que han dado en llamar un aliado estratégico, una pieza fundamental en la maquinaria otanista. Solo quien haya visto las zonas rurales, las áreas montañosas del Alto y Medio Atlas, las tierras áridas del sur y la región sureste de Drâa-Tafilalet, los asentamientos fronterizos con Argelia en mitad de la nada, o los cordones interminables de chabolas y los barrios marginales en las periferias de Casablanca, Fez o Taourirt sabe por qué la huida es la única opción.

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