Mi padre
y ¿qué puedo decir de mi padre?
mi padre no quería a mi madre
y mi madre tampoco a él,
pero no pasaba nada
con tal de no decírselo uno al otro
la vida proseguía como si no pasara nada.
Mi padre creo que era una buena persona
adoraba a mi hermano mediano
y le compraba de todo y al por mayor.
Mi hermana que era la mayor
y yo que era el pequeño
pues ahí estábamos
como adornos de navidad
y para él nunca fuímos importantes
y mientras al mediano le consentía todo
a nosotros nos tenía bien marcados
y nos mantenía a corta distancia.
Pero yo me acuerdo muy bien
de sus paseos de domingo
e ibas con él a visitar enormes barcos
que habían atracado en el muelle hacía unos días.
Y a él estas cosas le daban un subidón moral que lo ponía a
tope
y al principio de sus disertaciones la cosa iba más o menos bien
pero a la media hora él seguía con su matraca
de como debe atracar un barco de éste tamaño
y calculando la potencia de sus motores y no sé si acertaba o
simplemente se lo inventaba
y a partir de ahí,te ponías en los oídos una especie de tapones
que en realidad no existían pero que sí funcionaban
y porque te aislabas en tu mundo silencioso
y hasta que te tocaba el brazo o el hombro
y entonces te destaponabas
y volvías a su mundo
y le decías que sí a todo lo que te contaba
y para dejarlo contento al pobre hombre.
Mi padre era de los que me llevaba al circo
y para que yo disfrutara.
Pero no disfrutaba nada viendo como trataban a los animales
él ni se fijaba en eso
y él disfrutaba como si fuera un niño más pequeño que yo
él no veía esa maldad que a mí me producía tanto sufrimiento
y no era capaz de ver lo que había al otro lado del circo
y lo rancio a que sabía todo
trajes desgastados y medio rotos por exceso de uso
y cubiertos de remendones en varias capas
y el uno encima del otro
y el último era el más nuevo
y como si fuera el tronco de un árbol
se podía saber la edad que tenían.
Además
el payaso iba mal pintado y con la gracia en el culo
el trapecista, con cara de cabreo
y cagándose en todos nuestros muertos
y el equilibrista lanzando cuchillos
y porque estaba hasta los cojones de hacer equilibrios.
El domador con pinta de venir borracho o puesto hasta las
cejas de lo que fuera.
Pues todo esto, mi padre no lo veía
yo creo que hacía lo mismo que yo hago
con los tapones imaginarios
y se reía con los penosos chistes de los infames payasos
y disfrutaba viendo a los tigres despeluchados
emitiendo rugidos amenazantes.
¡Qué pena me daban los animales!
y por eso ahora que han pasado un buen montón de años
(tanto, como 65 años)
hay días en que me caen un par de lágrimas por las mejillas
y sin saber porqué
y hasta que de repente me acuerdo de aquellos pobres
animales
y entonces mi llanto se hace catarata
y por recordar como eran maltratados y torturados.
Mi padre era una buena persona
y a su manera, era feliz siendo así.
Mi padre tenía toques entrañables
y le encantaban los puestas de sol
sobre las Islas Cíes de mi ría de Vigo.
Entraba en una especie de trance trascendental
y si coincidía con la hora del atardecer
a todos sus amigos los invitaba a subir al balcón de casa
y para que disfrutaran como él disfrutaba, con las puestas de
sol.
El que no disfrutaba como él o es que era tonto
o lo era dos veces.
Lo de las puestas de sol
quizá lo heredé de él.
Tengo un gen de él que pone,
disfruta de las puestas de sol.
Y así lo he hecho y lo seguiré haciendo.
Pero hay otro gen que dice
disfruta con los circos
pero con éste gen no puedo
y menos con su puto mensaje de hiena
y porque odio los circos
y desde pequeño ya lo tenía decidido.
Los circos me deprimen y me ponen muy triste
y quién me quiera torturar
ya sabe donde llevarme.
Y quién me quiera dar una alegría
que me lleve a ver una puesta de sol.
No hay nada más hermoso
que la tierra haya parido jamás.
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