Agosto, día 17
seguimos por la misma senda que ayer
sin saber muy bien cual es
pero sobre todo lo que más siento,
es que todo va en caída
o sea que más o menos está al mismo nivel que ayer
pero con el ángulo un poco más inclinado.
Tengo mi ánimo por los suelos
mis ganas de vivir siguen a flote
pero gracias a un esfuerzo sobrehumano
y porque estoy sacando fuerza de mi flaqueza
y a base de mucho autoengaño con el estado de mi ánimo.
Pero en realidad
ni soy el que era
ni soy el que pretendía ser
ni soy aquél ser que presumía de ser buena persona,
o de ser un valiente que apenas sentía miedo.
No me gusta y para nada
la evolución que están tomando las cosas
no me gusta sentirme tan frágil y tan débil
y tan extremedamente delicado
y sobre todo, tan falto de ganas.
Y miro al mañana
y no sé por lo que tengo que luchar
y con el pasado y con el día a día
me pasa exactamente lo mismo.
La apatía me está invadiendo
y ya pocas cosas me conmueven
y me aceleran el pulso
y si hay alguna, no sé por donde hay que buscarla.
La apatía lleva a desgana
la desgana deja pasar las cosas sin que nada te importe
y ante tanta falta de estímulos vitales
te vas haciendo más bicho raro y menos persona
y a todo le encuentras su defecto
y para así confirmar lo que vienes pensando estos días
que más o menos viene a decir:
que nada merece la pena en un mundo tan imperfecto
y así ya te dotas de más argumentos
para seguir en la misma línea de tu falta de estímulos,
de tu falta de interés,
o para seguir instalado en tu pertinaz apatía.
Y todo esto en mi idioma, se llama depresión.

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