Hay días en que no me celebro
me levanto arrastrando mi viejo cuerpo hasta el baño
y me veo ante el espejo y me digo:
éste tío no soy yo.
Acaso seré el otro
el que nunca quise ver
cuando me estaba gritando en mi cara
a ese otro al que siempre me negé a ver
Y claro, yo sabía de su existencia
pero como llevaba largos años desaparecido
pensé que no lo volvería a ver.
Pero no señor, ahí está
y como siempre hizo
ha vuelto sin previo aviso
y por si acaso he tocado el espejo del baño
y para descartar un posible espejismo
o por si al otro lado del espejo
había otro tío parecido a mí que no se atrevía a salir
éste tío tenía grandes y marcadas ojeras,
vista como demasiada
cansada y desgastada,
párpados alicaídos y desganados,
piel flácida y descolgada alrededor del cuello
cejas descuidadas y demasiado pobladas
labios secos y demasiado tensos
y tan tensos que eran incompatibles con una simple sonrisa
no había nada amable en esa cara
todo en ella, indicaba tensión y preocupación
y denotaba un cierto aire a derrota
o a verse vencida
antes de empezar el día.
Algunos le llamaron
tener cara de depresión
y yo ante su imagen
estoy dando el primer paso
y ese es reconocer que esa es mi cara en el día de hoy.

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