Discrepo de quienes emplazan tan duramente a la izquierda por cierta paralización e inoperancia frente al fenómeno de ultraderecha.
La izquierda es un proyecto colectivo, la idea poderosa de que entre todos podemos resolver las dificiltades que cada uno no puede resolver individualmente. Es una idea con base moral, la solidaridad entre seres humanos que empatizan con el dolor de otros, mientras los otros empatizan con los dolores de uno. Es la ayuda entre iguales para resolver todo en comunidad.
Hoy la solidaridad es una idea en desprecio. No hay oídos para esa palabra sin la cual no hay izquierda posible. El individualismo predomina de manera brutal. Detrás, está la avasalladora potencia económica, tecnológica y social de quienes instalan la idea del self made man, el héroe solitario, el mérito y el esfuerzo individual no solo a través de la política sino también vías complementarias como la publicidad, el cine, la TV y el marketing de consumo. “Tú lo mereces”, “Busca el éxito”, “eres especial”, “sólo para ti”, etc.
El mensaje no tiene competencia y logró percolar tan profundo que la izquierda simplemente no tiene espacio para sus ideas en un nuevo medio ambiente donde se volvió un animal ajeno. Es un pingüino en el Sahara predicando el evangelio de los hielos.
Desde la caída de la Unión Soviética, ya no hay una potencia capaz de igualar el esfuerzo conquistador del capitalismo-USA. No hay recursos económicos ni sus derivados, en particular los comunicacionales. El escenario político ya no está en disputa, el capitalismo se volvió dueño de todas las perillas del ecosistema y lo movió hacia donde crecen sus flores y languidecen las otras. En Chile la izquierda solo puede acceder al poder ejecutivo, porque el militar, el empresarial, el religioso, el comercial, el comunicacional, entre otros, son de casi exclusiva propiedad de la derecha. Y aún teniendo el poder político se ve constreñido casi a un equivalente de la gerencia de recursos humanos de una empresa, donde le dan un presupuesto para que haga lo que pueda y le ponen un cuchillo al cuello si se sale de los criterios impuestos.
Además, no hay que ser muy inteligente para darnos cuenta que una sincronización repentina de TODA latinoamerica para instalar gobiernos de ultraderecha justo bajo Trump, no puede ser solo una coincidencia sino un alarde y confirmación de ese poder casi total.
Entre las personas comunes hay quienes son como leones, pájaros, ovejas, antílopes o lobos. El capitalismo consiste en libertad total… para que los lobos se coman a las ovejas y los leones a los antílopes; el capitalismo te dice “sé como un león”, pero en la selva no pueden haber solo leones, los antílopes son necesarios, leones deben haber pocos. De la misma manera, en el capitalismo debe haber pobres para que el modelo funcione. Y aunque te prometan que puedes llegar a ser león, lo más probable es que hace rato se estén alimentando de ti sin que te des cuenta.
La sola “libertad” para hacer negocios no es suficiente para lograr la justicia social, el que ya tiene capital —un noble, un heredero, una persona con contactos, el integrante de un grupo de poder, el hijo de un millonario —rápidamente toma ventajas que se vuelven inalcanzables para un resto que la mayoría de las veces solo puede acceder a trabajar para si mismo. Al llamado a la “libertad” de los liberales del siglo 17 —que da origen a la revolución norteamericana —se agregó el llamado a la “igualdad y la hermandad” en la revolución francesa que vino con posterioridad. Por eso el socialismo, que buscó instalarse después, tiene como base el control de la economía, porque su objetivo no es un mercado libre, desatado y cruel, sino una mejor sociedad para todas y todos. Eso es lo que hace China, por ejemplo, donde hay capitalismo y millonarios pero nunca con el poder de torcer a la política, que es la que busca y protege el bienestar general.
Todas las utopías, las idealizaciones e incluso la idea del paraíso ve un mundo donde el lobo duerme junto a la oveja, las aguas son cristalinas y todos viven juntos en paz. Pero hoy vivimos una situación contradictoria, casi neurótica, entre el deseo de felicidad social e interés individual, que produce un mundo devastado y gente peleándose por un espacio en los hospitales.
Las únicas alternativas que le quedan a la izquierda son: mantenerse en su posición histórica y reducir su número de afiliados día a día, porque sus respuestas son para una sociedad que hoy no existe; o ir acercándose cada vez más a la derecha para “humanizar el modelo”, mimetizándose cada día más hasta volverse izquierda nominal, es decir, que de izquierda tenga solo el nombre.
¿De dónde vendría hoy un horizonte de cambio? En la certeza ideológica de que el individualismo no es la solución para las grandes masas de individuos, ovejas y antílopes, y que la agudización de las contradicciones despertará a las nuevas generaciones que sufrirán los efectos del modelo que se impone hoy. Para ello, los partidos de izquierda deberán entender que volvimos a la casilla cero y lo que corresponde es comenzar el mismo proceso de alfabetización política que iniciaron nuestros bisabuelos políticos a principios del siglo XX, para que la llama siga ahí, se propague y cuando llegue el momento, el tiempo los encuentre preparados, educados y conscientes para volver a golpear la roca, abrir las alamedas y entrar a las espléndidas ciudades, como seguimos soñando.
Hay tiempos para avanzar y tiempos de guardar. Este invierno donde nadie parece entender nuestro idioma, pasará.
Que la primavera nos sorprenda preparados.
No hay comentarios:
Publicar un comentario