Fernando Savater

 

"A mí con la vida me pasa como con la comida, me siguen gustando las cosas que me han gustado, pero ya no saben como antes".

AUNQUE FUERA POR UN SOLO MOMENTO


Aunque fuera por un solo momento
ojalá pudiera, convertirme en tí,
y ver lo que ven tus ojos
y sentir el latir de tus sentimientos,
sería como un viaje astral por las antípodas de tu alma,
y cada rincón de tu cerebro sería como descubrir un mundo nuevo y paralelo,
un mundo lleno de ideas vertiginosas y luminosas,
que funcionarían como estrellas fugaces
sería como verme en el reflejo de tu propio espejo,
sería como el hombre de las mil caras paseando por tus valles cerebrales,
sería como andar hacia atrás buscando la suave caricia de tus dedos.

PUES RESULTA...

Pues resulta...resulta...que hoy le he metido caña a la casa y esto empieza a coger buena pinta. Hoy mi reflexión del día habla sobre la violencia. ¿Hasta que punto es necesaria la violencia para conseguir un fin?. Esto es como lo de la tortura, que si le das un mínimo respiro al tema, acabas admitiendo la necesidad de la tortura o por lo menos de algún tipo de tortura y porque el fin justifica los medios. Pues, ni violencia, ni tortura y no a la violencia verbal y menos la física. Los Yanquis son especialistas en meterte por los ojos la violencia y de paso y también, la tortura. Vengarse, armarse hasta los dientes, atentados, asesinatos, justicia relativa y vengativa, policía un tanto inoperativa (y no me extraña, ante tanto pirado armado) y todo esto bien mezclado y hasta que la pantalla se llena de sangre y empieza a derramar ríos de sangre.
Un kit kat publicitario: "las mejores tortillas españolas del mundo, son las de Betanzos (Galicia)".
Hoy me declaro inoperativo y disfuncional. Hoy no funciono como toca y mis pensamientos están cubiertos de ácido corrosivo y letal. En fin, me siento violento y con ganas de salir a la calle y partirle la cara al primero que pase. Como véis disfunciono bastante, primero digo una cosa y después, hago la otra o la contraria. Esto que me pasa es como la disfunción eréctil, esa otra disfunción que cada día voy conociendo en persona.
En realidad disfuncionamos todos, unos mucho, otros poco, pero todos tenemos algo de disfunción (y no me refiero a la eréctil). Es que hay cosas que no cuadran y que al final, no encajan. Yo miro a mi alrededor y la gente de mi edad está toda loca por querer ser abuelo o abuela. Con 63 años creo que es lo que toca (o eso pone nuestro libro de funciones, hablo del libro oficial). Pues yo no sé que me pasa... que voy del revés, voy anacrónico, voy como los Cangrejos andando hacia atrás y lo último que me apetece es tener un nieto o una nieta. ¡Oye! que tampoco prefiero un perro o un gato, porque en realidad no prefiero nada, prefiero la nada del silencio, el aburrimiento de las tardes de verano, la siesta bendecida y bautizada por alguien inexistente y si pudiera ser que fuera acompañada con un buen y rico polvete. Vamos a ver, yo no quiero animales de compañía, tampoco quiero personas de compañía, no quiero ser abuelo de nadie, me apetece pasear solo, leer y jugar con mis fantasmas en mi propia casa (que ésta casa tan antigua en donde vivo, tiene multitud de fantasmas), quiero escribir bajo mis hermosas sombras (las que tengo y las que me invento) y disfuncionar muchísimo más. Algunos a esto último le llaman decir gilipolleces, pues nada, que me apunto, que me encanta ser un gilipollas y un gilipollas ¿qué puede decir?...pues gilipolleces.

BRUNO

Brrrrrrrr...Bruno y no Torrebruno de los cojones. Bruno que no Javier, aunque a nivel oficial y porque así lo pone en mi partida de nacimiento, me llamo Francisco Javier y no Javier. Al final ando de disléxico por la vida: algunos me llaman Bruno y otros, muy pocos, me llaman Javier, pero nunca me llaman, Francisco Javier. En realidad, Francisco Javier no me llama nadie (perdón, por la repetición), salvo en los papeles oficiales
y entre ellos y por supuesto, está mi carnet de identidad. Vamos a ver, Bruno fue mi nombre de guerra y cuando era un valiente luchador por las causas justas y como tal y porque vivíamos en la puta dictadura de Franco y arriba España, teníamos que movernos en la clandestinidad y eso traía consigo, que había que ponerse un nombre figurado y para que no te relacionaran como sujeto subversivo. Y ese nombre, era Bruno. Yo, era todo un luchador que formaba parte de las filas comunistas (de una sección comunista y revolucionaria). Nos hacíamos llamar, Movimiento Comunista, que como movimiento que era...al poco tiempo se paró y se paró definitivamente. Al final, todo movimiento se acaba parando. Pero también es verdad, que si las causas por las que luchabas eran justas, ese movimiento acabará resucitando con otro nombre.
Pues de aquellas era un tío peludo no, era peludísimo y aguerrido, iba envuelto en una especie de trenca oscura y triste, pero tenía por dentro, una ganas inmensas de comerme el mundo. Y con estos antecedentes que os acabo de mencionar, ¿como no voy a quedarme con el nombre de Bruno?. Si cuando era Bruno, era un tío valiente, inteligente, aguerrido y guapo. Pues en honor a ese Bruno, pues me llamo Bruno y no Vicente. Bruno, era un fumador empedernido y no hay foto en que no apareciera con un cigarrillo en sus labios (las cuatro fotos que tenía). Era de larga melena ondulada, de frente amplia y despejada. Mis o sus ojos eran verdes aceitunados y mi sonrisa era tierna y a veces, tenía un deje irónico que sonaba a sorna picarona. Era un luchador nato, todo el día luchando contra todo y de paso, me cagaba en todo y con sumo gusto. Pero sobre todo, era muy vitalista y la vida se me hacía demasiado pequeña. Era un perseguidor de sueños y hasta a veces, me anticipaba tanto a ellos, que muchas veces ocurría que las hostias que venían a continuación, solían ser bestiales. Pero si algo me enseñó mi madre, fue a ser cabezón, constante y terco. Por tanto después de cada gran hostia, el Bruno de los cojones, se levantaba con más fuerza o mejor dicho, con renovadas fuerzas. Claro que así fue, hasta que llegó la gran hostia (la casi hostia definitiva) y petó todo mi chiringuito revolucionario y por primera vez en mi puta vida, tuve la sensación de haberme quedado en pelotas.
Después de toda ésta epopeya, vino un período de total y absoluta decadencia: drogas, alcohol, droga dura, blanda, morada, negra, de amarillo chillón y barbitúricos en barriles y a toneladas. Bruno, se puso ciego de todo y hasta la misma bandera y por eso, casi dejó de ver lo que estaba ocurriendo a su alrededor. Pero más tarde se rehizo y de alguna manera volvió a ser el mismo Bruno de los cojones. Menos revolucionario o quizá más, ¿quién sabe?, menos o nada comunista como estructura social ideal, mejor persona en todos los sentidos, más amable con la vida, más entrañable y más buena gente...pero su esencia seguía siendo la de Bruno. Y entonces...¿Como no me voy a llamar Bruno?. Y en mi lápida pondrá: "aquí yace Bruno y que os den por el culo".

LA DIGNIDAD

La dignidad mal entendida, es tener la capacidad de sentirte bien después de haber hecho lo contrario. La bien entendida, no. La bien entendida, es más consecuente y te hace sentirte bien cuando lo haces bien y según lo anteriormente pensado y planificado. Después, hay la dignidad del indigno, el cual se siente satisfecho dentro de su indignidad de cloaca. Bueno, también está el imbécil de turno, el atontado descerebrado, el amorfo sin escrúpulos, el cabrón de mierda que se le ve venir en la distancia, el envidioso caballero don dinero que sólo sabe hablar de pasta, el don nadie pretencioso que siempre será mejor que todos, el que te vende por un plato de lentejas, el serpiente de lengua bífida, el que si puede te revienta el culo y las amigdalas, el tiburón de todo lo ajeno, el que se mete en tu casa y enseguida la hace suya, el revienta planes e historias bonitas, el pupitas al que le duele todo y más y el que se cree ombligo y centro del universo...
En fin hay de todo en la viña del señor. Hay fauna muy variada y especímenes raros que se expanden como la contaminación. De los anteriormente mencionados, ninguno está en peligro de extinción, pues el calentamiento global que padecemos, los ayuda a crecer en número, insistencia y consistencia.
La dignidad es un valor añadido que se nace con él, pero que después con el paso del tiempo, hay que saber cuidar y desarrollar. Estamos obligados a cuidar con especial mimo y buenos cuidados ese bien tan humanamente humano. Todos deberíamos tener un Jardín de dignidad en casa, en la terraza, en el patio, en la parcela o en el mismo sótano. Si flaqueas en dignidad por el motivo que sea, siempre tendrás una reserva en casa y para no sufrir en tus carnes las consecuencias de tus carencias de dignidad. Todos los días hay que vestirse dignamente y desde la cabeza a los pies y verse con dignidad ante el espejo y salir a la calle con la vista al frente y el paso seguro y sin titubear. Si alguien tiene que temblar...que tiemblen los demás, por lo menos, así se debería empezar el día, porque está claro que así te queda todo el resto del día para todo lo demás, para temblar, para llorar, para cagar, para gritar, para sonreír o para amar.
Y por último, igual que hay que vivir dignamente, se debe morir dignamente. Y por cierto se puede morir dignamente estando más solo que la una. Vamos a ver, no hace falta tener un funeral en un campo de fútbol lleno hasta la bandera, ni que desfilen tropas militares en tu entierro, ni que todo dios llore a moco tendido...llega, con que alguien lo sienta y lo celebre contigo. Llega con decir: ¡nos veremos en el Infierno!. Y con eso, ya está todo dicho. Porque en mi caso ¿en el cielo no va a ser?.

DIARIO DE A BORDO

Miércoles 26 de Junio.
Nada nuevo a bordo. Viento noroeste (fuerza 3). Noche cerrada con bruma espesa. Cena tranquila con larga sobremesa bien regada de un buen aguardiente gallego. Ayer por la tarde hubo movimientos extraños, el barco se movió sin rumbo fijo durante un par de horas, eso nos dijo el Capitán. Nadie sabe el porqué. Deben ser fenómenos extraños en la tercera fase. Llevamos rumbo a Singapur, pero antes aún nos quedan un par de paradas en tierra: la primera en Mumbai (India) y la segunda en Colombo (Sri Lanka) y después por fin, llegaremos a nuestro destino. Salimos del puerto de Vigo (Galicia-España) hace 14 días y estamos de mar y barco hasta la misma bandera que cuelga del mástil. Pero ya queda menos, apenas 3 días y después a conquistar Singapur o mejor, que él nos conquiste a nosotros (yo me dejo querer).
Ayer vimos Delfines y Cormoranes, fue precioso porque además coincidió con la hora punta de la puesta de sol. Hay personas a bordo que pueden resultar ser interesantes, algunas que no todas. Ayer en la cena congenié con un tipo que era irlandés de pura cepa, católico hasta la médula, caótico en la práctica del día a día (eso me dijo) y eficaz cuando la conversación se enredaba más de lo necesario (eso lo comprobé). Después con el aguardiente todo se fue haciendo más confuso, tipo nebulosa, pero al mismo tiempo, las conversaciones se fueron llenando de risas y chistes y anécdotas cada vez más absurdas. Hoy menuda resaca tenía y el irlandés, no apareció hasta última hora de la mañana y con cara de poco amigos. Supongo que lo fundió la resaca, él solito se bebió lo que nos bebimos tres de nosotros. Menudas tragaderas tiene el irlandés.
A bordo hay de todo, de todo tipo de personas, de todo tipo de tripulación, de todo tipo de entretenimientos y de todo tipo de bailes y variadas payasadas, que al parecer son del gusto de algunos (no, del mío). Para mí todo esto es un coñazo y una pantomina. No me gustan las fiestas, no me gustan los bailes, no me gusta el tenerme que relacionar y porque vas en el mismo barco que van algunos. Odio las conversaciones y cenas de etiqueta. Pero bueno, es lo que hay. Además, no es cuestión de encerrarse en el camarote con una botella de aguardiente y borrachera va y borrachera viene y así, hasta llegar hasta Singapur. Un día vale, dos un poco menos y tres, ya no. Prohibido y guardado bajo cerrojo. Y porque en ésta vida o te espabilas o te espabilan y yo prefiero espabilarme yo solito.
Las mañanas tienen un pase, entre que desayunas, entre que te das un paseo alrededor del barco y así, puedes observar al mar y no sé porqué, pero suele estar más bonito de mañana (bueno, salvo a la hora del atardecer). La tarde es lo peor que llevo, la tarde se hace cansina, tediosa y aburrida. La mayoría de los pasajeros se van a la piscina del barco y el que no sé baña, aposenta su culo en el chiringuito de la piscina y venga a cocerse a gin tonics y cervezas. Después con la melopea es cuando deciden mojarse los huevos, pero sin pasar de la cintura (lo que se llama, ponerse los huevos a remojo). Yo leo, me encanta leer. Y también escribo, lo de escribir es mi pasión turca y sin darme cuenta la puesta de sol se va acercando. Y yo no me pierdo una, no vaya a ser que me quede sin ver su rayo verde. Además el mar se tiñe de oro y plata y parece una alfombra de agua teñida de flores de todos los colores. Bueno, pues para ser mi primer día del diario de a bordo, creo que no ha estado tan mal. ¡Seguiremos escribiendo! y por supuesto ¡disfrutando del viaje!...

NENA

Vamos a ver nena
y digo nena...
como podía decir, muchacha
o querida o fulanita o menganita...
y ante esas opciones he preferido llamarte, nena
y porque además,
tu nombre se lo llevó una ráfaga de viento,
yo sé que tenías nombre y apellidos,
que tenías un precioso nombre,
que tus apellidos no eran comunes,
que andabas con dos piernas,
que masticabas como si fueran cristales rotos
que mirabas con infinita ternura,
que tus dedos eran largos y finos
que tu pelo era de relucientes espigas de oro y trigo
que tu cielo era parecido al mío,
estaban la Luna, Saturno y sus anillos y Marte
y para asegurarte de que no fuera olvidado
volvías a repetir que también estaba Marte
suspirabas y en silencio me mirabas,
yo te respondía pensativo...
así no hay quién viva
me decías con la boca chica
y yo mientras tanto
pensaba en Marte
y las vueltas que tendríamos que dar
para emprender juntos el mismo viaje.
Al final, nena
no llegamos a Marte
ni llegamos a ninguna otra parte.

EVA GÜIMIL


 

Laura Wittner

Este año en que el mundo se detuvo
se me llenó la casa de polillas;
se me llenó la casa de fantasmas.
Y yo no conocía sus sonidos
el aleteo confuso
el vuelo de cenizas
la conversación en polvo, en sombra, en nada.
Me tenso ante los ruidos
acudo a los ambientes vacíos que resuenan
y busco perspicaz
porque podés ser vos
el que da contra el vidrio
y el crujido en la base de la puerta
puede ser el tortugo
que se murió en enero, inexplicable,
y el gorgoteo del baño podría ser el perrito
que devolvimos después de una semana
(¿forman fantasma los vivos rechazados?).
Pero hay puro secreto:
sombras como felpa de cebolla
que de día no se van; se esconden
y se entrechocan en los escondites
vibran y crujen, o vibran y gotean,
y son nuestras ausencias
que de noche se convierten en polillas.

LA CRÓNICA DE HOY EN DÍA

Buenas tardes. Peor será la noche (seguro). El otro día en mi trabajo me dijeron que se iba a constituir una comisión psicosocial y para medir nuestro bienestar o nuestro malestar psicosocial o laboral (que no es poco). Yo apunto más por lo último, en realidad yo apunto por cagarme en todo y ya puestos, en plan diarreico. Yo asumo mi mierda y ¿vosotros?. Volviendo a la comisión psicosocial de mi trabajo, no sé si prefiero el harakiri o colgarme de una viga del techo. Que hablando de techos, yo vivo en una casa de 130 años y la altura del techo me da para colgarme tres veces y morir en todas y en cada una de ellas. Yo prefiero ir al psiquiatra y así, nos reímos juntos de todas mis tonterías y digo de las mías y porque así funcionan las cosas y en éste caso, yo sería su puto paciente y él, el psiquiatra que me tendría que iluminar. Me encantan los psiquiatras, porque no les entiendo nada y además, te atiborran con pastillas de todos los colores. Tú vas y ellos te ponen un sello diagnóstico y te dicen que debes saber comportarte (eso ante todo, es lo primero) y eso te lo está diciendo un payaso vestido de psiquiatra que hace lo que le sale de los huevos. Que fácil resulta dar consejos desde el puto púlpito. Tan fácil como montar comisiones psicosociales de los cojones que normalmente no llegan a ninguna conclusión concluyente, pues para eso la montan, para dar el pego y para que con esa comisión apagar el fuego que hay entre las dos partes. No sería mejor que empezaran a rodar cabezas de una puta vez por todas y porque todos sabemos donde está el verdadero problema. Mundo de dios, mundo endemoniado, mundo inmundo. Las balas las carga el diablo y la estupidez la cargan cuatro gatos que salen por la pequeña pantalla o que están por encima de ti en tu trabajo. A mi me gustan las estrellas rutilantes y más si son fugaces y transitorias. Vale, que son brillantes pero que no empalaguen demasiado. Lo nuestro pudo ser mucho mejor, pero eso se piensa mientras la estás cagando, después ya es tarde para poder rectificar.
Nada hay mejor en ésta vida que la dulce compañía del silencio y más si ese silencio es el de los corderos que van directos al matadero. Que a partir de ahora, que ya hemos votado, no nos va a escuchar ni dios. Yo voté y ¿porqué? y sobre todo ¿para qué?. para que se repartan la tortilla entre ellos. El problema, su problema es...es que ese sillón me corresponde a mí o a ti (en teoría), en la práctica, nos meten a todos en la amalgama que ellos denominan, pueblo. Y por tanto, dicen que ya nos tienen incluídos dentro del pueblo de corderos. Y todos somos pueblo y a la vez, todos somos borregos.
El día en que realidad me cabree de verdad, arderá Paris por tantas barricadas y coches quemados. Será una catarsis frenética. Un día de estos me voy a encerrar en casa y no voy a salir más. Total ¿para lo que hay que ver?. Mi casa de 130 años con sus vigas más altas que el sol, me soporta y me comprende (Y por supuesto, Yo a ella). Ahora bien, que la comisión de marras funcione (cosa, que dudo mucho) y que el psiquiatra se vaya a tomar por culo y porque aquí y en éste caso, el psiquiatra no pinta nada. Y ésta ha sido la crónica de hoy en día.

Y SIN MÁS...

Te he buscado por internet,
puse tus iniciales
y sin más...
salió tu cara.
Debe ser tu cara de hace años,
mucho más joven
pero no mucho más bella,
ya sabes que a mí me gusta lo viejo,
me gustan sus surcos irregulares,
me gusta su piel de trapo,
me gustan sus aristas desgastadas,
mi debilidad es lo alicaído y lo tirando a viejo,
y lo que huele a humedad de oquedad antigua,
me gusta lo negro sobre el blanco,
y me encanta su viejo contraste
y su inmensa profundidad de agujero negro.
Te he buscado por internet
puse tus iniciales
y sin más...
salió la cara oculta de la luna.

Fernando Vallejo, De "El desbarrancadero"

"Yo por mi parte la quería a ella más que a nadie, con un amor ilimitado. Si ella no me correspondía en la misma medida, qué importa, q...