MI SITIO (Poema)

He dejado de estar en mi sitio,
y he perdido la referencia,
o el bastón en que me apoyo,
y ahora...ahora,
me debato entre mis contradicciones,
y sospecho,
que estoy desconcertado.

Mi sitio, mi lugar,
mi forma de ser o de estar,
todo se tambalea y se deforma,
y lo evidente se vuelve fútil,
superfluo y estúpido.

He dejado mi sitio,
lo dejé por necesidad,
o quizás por hastío,
y busco y rebusco,
analizo,
y  de nuevo descarto.

Ahora miro al mundo distinto,
lo veo entre brumas y nieblas,
dudo de lo que no dudaba,
y pienso lo que no pensaba,
y hasta el espejo me dice,
¡tío, estás difuminado!.

Tengo diversas opciones,
y todas igual de respetables,
o eso pienso yo,
que aún me queda el respeto,
y ahora,... ahora,
sólo quiero volver al útero materno.
.
  

UN SUEÑO

Ahora ya son las 13 horas del día 27 de octubre de 2.013 y hoy salí de guardia y al llegar a casa me quise meter en la faena y me puse a escribir, cuando llevaba diez líneas las releí y me dije, mejor descansa o date una vuelta o tírate por la ventana, era la antología negra de la nada. Eso hice y descansé un par de horas y al parecer el mundo dejó de ser tan negro, el mundo vuelve a ser de claroscuros, hay sombras pero también hay destellos, hay demonios pero también hay buenas personas, hay luchas pero también hay sentimientos, hay guerras, hay abrazos, hay caricias, hay duendes y hay y sobre todo, hay mucha magia.

                                              El mundo es mágico y tiene ese gran poder que siempre nos desconcierta. Cuando algo tiene que ser así, porque así lo has analizado y le has dado vueltas y vueltas y has concluído siempre lo mismo, va y aparece un factor o acontecimiento nuevo, que desmonta toda tu película y por tanto tus conclusiones se van a la mierda. Eso ¿que es?, pues es magia potagia. Aunque algunos le llaman "azar" o sea que hay cantidad y multitud de acontecimientos sueltos por el mundo y de vez en cuando y por el azar,  te cae uno encima y ese es el que determina y por encima de los otros, la decisión que vayas a tomar. O sea que no todo es objetividad, hay mucha magia suelta y menos mal, porque sino todo sería pura matemática y cálculos de probabilidades y nos regiríamos por fórmulas universales. Vamos que seríamos cuadriculados al cuadrado y no, nosotros somos personas que funcionamos por procesos mentales, en que el pensar es parte del proceso, pero también lo es sentir, querer, amar, odiar y al final, el proceso resultante es una coctelera de todos ellos.

               En el fondo el que tomes una decisión u otra, va a depender del estado de ánimo y eso se comprueba que ante la misma situación y con los mismos asuntos entre manos, se toman decisiones diferentes y nunca se toma la misma. Según tu estado de ánimo y aunque las opciones sean las mismas, valoras unas cosas más que otras. Yo hace 3 horas, veía el mundo de otra manera, digamos de una forma más negra y sólo ha pasado por el medio, el haber descansado y haber soñado, y entonces ha cambiado mi estado del ánimo y por tanto me veo con fuerzas y ganas para hacerlo todo. El descansar es objetivo y lo necesitaba, pero el sueño es magia pura, pues por azar hoy me tocó éste sueño, otros días y también por azar, me tocan otros más jodidos. Yo como Artur Mas, hoy he tenido un sueño, pero al contrario que él, en mi sueño no había ni patrias ni banderas, por no haber ni había fronteras. En mi sueño sólo había personas.

SANTIAGO - Parte VII

 Cabe una reflexión seria de todo esto, ¿Que fue de los paisanos que vivían rodeados de tanto indio?. Pues muy sencillo, como dije al principio, de dormir tan poco,  por la mañana se dedicaban a ponerse a la cola para pedir la cita al Psiquiatra de su Ambulatorio...


  En definitiva, de Santiago me quedo con todo o casi todo. Ya sabéis mi opinión acerca de la parte nueva de Santiago. Del resto me quedo con todo, para lo bueno y para lo malo. Me quedo con sus piedras, con sus calles estrechas, con su mercado, con sus plazas e iglesias y hasta con sus vinos y puestos pedir, también me quedo con sus bocadillos. Hablando de bocadillos, os recomiendo un sitio singular y pintoresco. Es un bar de bocatas, que está situado al final de la calle de la calle de El Franco. Al pasar cerca de éste bar, el olor de su plancha te impregna y el humo también. Se bajaba dos escalones y entrabas en la guarida y entre la bruma de humo, medio distinguías a un tío que lucía un mandil de cocinero, que le cubría parte del pecho y debajo llevaba una camisa, que en sus tiempos debió ser blanca. Con unos medallones de grasa colgadas desde la época de la guerra civil y con unos ribetes blanquecinos de sudor que hacían una especie de mapamundi. El tío guardaba sus manos en sus sobacos sudados y con esas mismas manos cogía y de uno en uno, los bocadillos. Creo sinceramente, que éstos bocatas nos gustaban tanto, por ese aderezo tan especial y ese sabor que le daba el sudor añejo. Eso, y más la plancha, llena de capas de grasa superpuestas, hacían un conjunto, una aleación, que era la verdadera sustancia del bocadillo.


                               De Santiago, he hecho un repaso por fuera. Me gustaría también hacerlo por dentro. De como vivían los paisanos, ya hice un somero repaso, pero como vivían los estudiantes por dentro, en sus nichos, digo en sus pisos, de eso no he dicho nada. A esto es a lo que voy. Cada año, variábamos de prisión. Quizá porque nos cansáramos de la anterior vivienda o lo más probable que fuera una falta de entendimiento entre el dueño del piso y los inquilinos. Parecía que siempre había un descuadre de números. No coincidía nunca nuestras cuentas con las del patrón, por lo que lo adeudado, se quedaba en eso, en deuda, pero eso sí, ya nunca nos volvería a alquilar ningún piso.

                             Al llegar al piso, se echaba un vistazo general. Se contaban las habitaciones, y en el baño y la cocina ya ni siquiera se entraba, pues fue el mismo diseñador el que hizo todos los baños y cocinas de ésta parte nueva de Santiago, ¿para que verlos?,  si todas eran fotocopias del mismo plano original. Así que, ya concertábamos una reunión para esa misma tarde, para tratar todo lo referente al piso. En resumen se hablaría de los pagos y de los asuntos que concernían a nuestra convivencia. En la reunión de los inquilinos del piso, lo primero que se trataba, era del reparto de las habitaciones. No era igual una habitación interior y sin ventanas, que una en la que entrara la luz del sol. Tampoco era igual el tamaño, pues había habitaciones con cama y armario, a otras en que ni la cama cabía


.

SANTIAGO - Parte VI

                    Santiago, no sólo tiene piedra de granito, iglesias, cementerios, plazas y monumentos. También tiene como todas las ciudades, una parte nueva. Una preciosa parte nueva. Creo que los arquitectos eran todos de la once e hicieron una selección previa, a ver quién era el más ciego de todos y a ese fue al que cogieron para llevar adelante ésta gran y ardua empresa. Esta parte de Santiago, es un hervidero de edificios, de todas las
formas y tamaños, un pupurri, un diseño de pesadilla. Este análisis o repaso de la parte nueva de Santiago, había que extenderlo a todas las partes nuevas del resto de las ciudades, es verdad, pero resulta que ésta parte nueva de Santiago hace mucho más daño, pues al lado de una ciudad vieja y
una de las maravillas de la tierra y que perdura en los siglos de la historia, van y tienen la osadía de construir un vertedero, una chapuza, un monumento al cemento y esto es lo que me enerva y me desquicia.

                  Así que en ésta pocilga de cemento vivíamos la mayor parte de los estudiantes, en pisos compartidos y en el medio, no sé si por sorteo o porque no les quedaba otro remedio, algún paisano atontado, que con el tiempo pasaban a ser zombies, no comían, no dormían y que siempre acababan igual, en una depresión profunda. En ésta selva de hormigón  transcurría el devenir de nuestras vidas, la levantada era tardía, malcomíamos y cuando llegaba la noche, con luna o sin ella, nos transformábamos en los amos de la noche. Allí no dormía ni dios,de noche todo era un ruido infame, en la calle, en las casas, en las camas. Estas noches infernales,se prolongaban por lo menos hasta las tres de la mañana. Estos pisos de estudiantes, al ser compartidos y vivir hacinados en ellos, a los paisanos les salía rentable económicamente pues el alquiler era a precio de lujo y no sólo eso, también el mobiliario del piso era infame.

               Con estos antecedentes, de vez en cuando nos mosqueábamos y organizábamos una revuelta, exigiendo por lo menos, una rebaja del alquiler de los pisos. Aquello se convertía en una caldera, todo eran gritos y bullicio, cruzábamos coches en la calzada, quemábamos todo en decenas de hogueras y de cuando en vez una "cacerolada", que consistía en salir a la ventana o al balcón, coger un cazo cualquiera del piso y con el primer utensilio, aporrearlo con todas tús fuerzas y hasta que se rompía el cazo o el utensilio. Como se ve aunque fuéramos estudiantes,quedaba demostrada la teoría de que procedíamos de los primates. Cuando entrábamos en éste brote colectivo, las horas de sueño eran pocas y más bien mañaneras, el silencio de la noche pasó a ser el silencio de la mañana.

        La noche era de actividad constante, ibas a una casa, después a otra y en cada visita te asomabas a la ventana y con tú cazo en ristre. Entre casa y casa, abajo en la calle, hablabas con amigos y desconocidos, alrededor de la hoguera o mientras ayudabas a romper los muebles de sexta mano, todo iba a la hoguera,para que después digan que de aquellas no se reciclaba. Sobre las tres de la mañana, se apagaban ya las hogueras por falta de más material inflamable, tocaba la trompeta la retirada, pero antes de dirigir nuestros cuerpos a la cama, era de rigor hacer presencia en el último acto, en la gran hoguera, que siempre se hacía en nuestra "Plaza Roja" (su verdadero nombre de pila, no me acuerdo muy bien, pero creo que era la "Plaza de José Antonio"), allí ya era la muerte, se quemaba todo igual, sólo que con más ganas y en cantidades industriales, los muebles de los pisos, el mobiliario urbano, los materiales de obras, en fin, todo lo que ardiera. Esta si que era la despedida, los fuegos artificiales al final de la fiesta y ya cuando las llamas se doblegaban, partíamos hacia el camino de vuelta, cada uno a su cama o si habías tenido suerte en ésta noche tan larga, a la cama de una que hubiera caído en tú telaraña o tú en la de ella, ¿quién sabe?.

YO TE CUIDARÉ (Poema)

Yo te cuidaré,
y te pondré unas sábanas limpias,
y te doblaré la almohada debajo  de la nuca,
y te inundaré con mis caricias,
y haremos el amor a la luz de una vela.

No te olvides de lo que te digo,
yo te cuidaré todos los días,
haré desayunos de zumos exóticos,
pondré la estrellas sobre la colcha,
y dormiré abrazado a tú esqueleto,
y en las noches frías y gélidas,
encenderé la estufa dentro de tú cuerpo.

Por favor no te duermas,
no te duermas todavía,
saquemos el jugo a nuestros cuerpos,
 exprimiéndolos como dulces mandarinas,
y dejemos que el viento se lleve su olor,
ese olor que sólo dan,
 dos cuerpos entrelazados,
y dejemos que el ambiente se vicie,
y se enturbie y se espese, 
como se espesa la niebla marina,
y volvamos a hacer el amor sobre la alfombra,
así y hasta fundirnos  en un sólo ser,
o simplemente, 
en dos seres que se quieren.

SANTIAGO - Parte V

 En Santiago, igual que se hace la ruta de los vinos, también se pueden  hacer la ruta de las Plazas o de las Iglesias. Pues tanto unas como otras abundan en ésta ciudad. La Iglesia de Santa María a Real do Sar, con sus columnas interiores inclinadas, es visita obligada (la foto de la izquierda) y de paso se conoce su barrio de alrededor y si es por la mañana mejor. Pues queda de paso, la plaza de Abastos, toda ella tallada en piedra, con su bullicio, sus quesos de tetilla expuestos sobre hojas de verdura,  sus carnes de cerdo o de ternera, sus lacones o chorizos y  todo tipo de empanadas. Uno no tiene ojos para todo, sus olores, su karma, su alegoría al buen gusto del paladar. No puedes con todo, son muchas cosas a la vez y optas por quererlo todo. Pero el sentido común, el más común de todos los sentidos, te frena en seco y recapacitas. Esto va a dar un tufo insoportable en el avión, esto se espachurra..., y al final, de atolondrado que te quedas, sólo ves lo que tienes delante y a un palmo, no más. Y eso es lo que al final te vas a llevar. Al final, son siempre tres cosas: el queso, el lacón y los grelos.
     
        A la izquierda del mercado, a unos trescientos metros, hay una plaza, en que su único encanto, es que desde ella se acede al Museo do Pobo Galego, que yo no conozco personalmente, pero dado el nombre, debe ser interesante. A su lado queda un gran edificio, que es un seminario con cuatro gatos que quedan como seminaristas.

        Subiendo la cuesta que hay en ésta plaza, llegamos a otra placita muy mona. Lo sé porqué viví cerca de ella. Y ésta plaza, era mi fuente de pensamientos y el porqué de mi existencia, sobre todo cuando me encontraba con varios suspensos en mi presencia. De aquí, parten tres calles, dos estrechas y alargadas, que albergan algún pub y poco más. Estas dos calles dan a una plaza, la Plaza de Cervantes ( en la foto de la izquierda), flanqueada por casas y por una iglesia, faltaría más. Esta plaza,  tenía diversas esquinas. En una de ellas estaba el ciego con sus cupones. En otra los estudiantes sentados. En la tercera, estaban las amas de casa de palique y de paso obligado hacia el mercado. Y en la esquina más remota, se agazapaban los yonquis esperando a su camello. Siempre nerviosos e impacientes, hablando de su monotema, de su última dosis. Si el caballo de hoy es mejor que el de ayer, si me prestas una cucharilla, si tienes limón, que si me faltan cien pesetas para comprar una papela y al final, todo acababa en gritos y peleas y sólo se tranquilizaban, al ver llegar al camello. Entonces ya todo eran prisas, pisotones y mentiras. Que si llevo dos horas esperando, que no me he puesto nada desde hace dos días, que yo estoy de mono. etc...y entonces voy yo primero....Una vez servidos, se evaporaban como se evapora el agua y ya sólo necesitaban dar alimento a la vena. Y para ello buscaban el rincón más escondido, otro rincón ya lejano de la Plaza de Cervantes....

UN DÍA GRIS (Poema)

Hoy es un día gris,
 y grises son mis pensamientos, 
y de gris se tiñen mis recuerdos,
y todos se han puesto de acuerdo,
para vestirse de gris. 

A lo mejor sale el sol,
 a lo mejor sale, 
y a lo mejor rasga la cremallera del cielo,
y me envía un mensaje de consuelo,
a través de un rayo de sol.

Mis ideas se tiñen de color plata,
y mi corazón se llena de plomo,
y espero como agua de mayo,
el poder omnipresente, 
de mi deseado señor, 
y  rey de reyes, el rey Sol.

Es una idea vaga,
una idea abstrata,
una más de mis ideas,
una idea que se  atraganta,
y que no puedo esculpir.

Según yo, 
yo soy el que me parezco a tí,
según tú,
 tú te pareces a mí,
no sé, hoy es un día gris,
y es muy difícil decidir.

Es un día del mes de Abril,
un día más de duda y confusión,
un día escogido al azar,
y el azar me ha escogido a mí,
y aún no sé la razón,
y menos sé el porqué,
Pero que le voy hacer,
¡si hoy es un día gris!.

FIN DE SEMANA

           

       Hoy es viernes de nuevo, cuántas veces habré dicho esto a lo largo de éste año, pues bastantes. Los viernes me gustan, mejor dicho me gustaban más antes, cuando curraba de normal o sea curraba por la semana y descansaba el fin de semana. Entonces el viernes era viernes y era el preludio del fin de semana, los planes bullían dentro de la cabeza y hoy haré esto y mañana lo otro y descansaré bien y pensaré un mogollón de cosas. Después cumplías bien el plan del viernes, pero el sábado, ya no tanto y el domingo, menos. Lógicamente los planes se hacen, pero también se van cambiando, pues surgen cosas nuevas por el camino.

                             Yo tuve épocas hace muchos años, en que quemaba todas las naves el viernes por la noche, salía con tales ganas que prolongaba la jornada hasta el sábado bien avanzada la mañana. Mala política esa, porque una vez que asomaba la luz del día del sábado, yo ya no sé que pintaba con ese pedazo de colocón que llevaba, bueno sí, colocarme aún más. Después venía el sobar como un cerdo el sábado y te levantabas por la tarde, con el cuerpo echo una mierda y el cerebro echo papilla. Con lo cual el sábado no tenías cuerpo de jarana y te quedabas en casa, pero te dabas hasta las tantas de la mañana sin poder dormir y venga a ver pelis malas y horribles en la puta tele.

                               Al final el domingo, también te levantabas tarde  y los domingos por la tarde, no eran para echar cohetes, los domingos por la tarde eran para darse una vuelta e ir pensando que al día siguiente era lunes, lunero o lunes puñetero. Cada vez que lo pienso, saco la misma conclusión: que manera de joderse el fin de semana, pero no podía contenerme  y llegado de nuevo otro viernes, de las ganas acumuladas ese día explotaba y seguía la rueda, la rueda de joderme los fines de semana. Ahora ya ni salgo y por muchas razones, entre ellas y sobre todo, porque ya no me divierte, aparte que sopeso entre la noche y el día, y yo me quedo con el día y así el fin de semana si que me sale rentable, me como los minutos y segundos de cada día.

MENORCA - Parte III

                    Yo desde luego me quedo con sus calas, sus playas están bien, pero yo vengo de sitios donde las playas son kilométricas, tanto en Cádiz, como el Galicia y con lenguas de arenas inmensas y blancas como la cal, por tanto no me llama tanto. Pero las calas me entusiasman y las hay
emblemáticas por su belleza: pinos a pie de arena, arena blanca y fina, y aguas cristalinas hasta la médula. Ahora en verano es mejor verlas por las postales, están llenas hasta la bandera.

                Las estaciones se suceden suavemente, como todo en ésta Isla. El verano es caluroso y pegajoso, calor húmedo, pero se sobrevive. El otoño es corto y no es lo que toca, le faltan tonalidades otoñales. El invierno en cambio es muy largo y frío, pero sobre todo húmedo y eso aumenta la sensación de frialdad. La primavera es preciosa y más o menos como en todos los sitios, brotan flores y vuelan mariposas en esa fiesta de los colores.

                          Y como todo sitio que se precie, hay que guerras entre dos bandos, el bando de Mahón o Levante de la Isla y el de Ciutadella o Poniente. Y aquí si que no entro, y más me vale no entrar, pues yo al ser foráneo o forastero, si me meto en el brete y me pronuncio por uno de los bandos, los otros dos que discuten, se cierran en banda y ante mí presencia, dicen que ellos son menorquines. Después cuando yo no esté delante, seguirán con su discusión absurda que si Mahón o Ciutadella. Pero bueno más o menos como en todos lados, como Vigo y la Coruña o como Cádiz o Sevilla, nada que ya no nos suene. O sea que mezquinos hay en todos los lados. pero hay que entender que si no se discute de éstas tonterías y del fútbol, pues entonces ¿de qué se discute?. Bueno yo y con perdón, discutiría de un millón de cosas, pero yo no soy los demás, ni los demás son yo o sea que cada unos aguante su vela.

                                Y no podía faltar, el caballo menorquín y su estilizado cuerpo, el verdadero protagonista de las fiestas de ésta Isla. El y sus brincos o levantadas de sus patas delanteras y con el jinete a sus lomos. Aunque la fiesta reina, es la de Ciutadella, las fiestas de Sant Joan, donde el fervor festero se lleva en la sangre, o eres Joanés o no lo eres, o estás conmigo o estás contra mí, así se plantean las cosas en éste fiesta. El resto de las fiestas de la Isla son fotocopias malas de ésta, pero para mi tienen su encanto, pues hay sitios pequeños, donde puedes saborearlas mejor que en el mogollón que se monta en las fiestas de Sant Joan.

                              Y el Gin, el inefable gin, el que trajeron o mejor dicho trajeron su receta, los ingleses cuando éste Isla era una de sus colonias y aquí quedó el gin, el color de las casas (el rojo inglés) y parte de la infraestructura de ésta Isla, que aún hoy perdura. La pomada o gin con limonada, diversas denominaciones para el mismo producto: gin con limonada y abundante hielo y eso es lo que se priva en todas las fiestas. Pomada se llama en Mahón y Gin con limonada en Ciutadella, para que quede claro, que cada uno tiene su película. Los guiris en su mayoría proceden de las Islas Británicas y algunos asentaron su blanco culo en la Isla, su piel blanca como la leche, los delata y bueno y también, como le dan al trinki, son los putos amos de la botella.

MENORCA - Parte II

                     Lo que es prohibitivo, es el pescado y ya no digamos el marisco y eso que vivimos rodeados de mar. Yo creo que pasa, como todo en la economía de ésta Isla, que subieron tanto los precios para sablear a los guiris, que al final, el precio no se bajó y en consecuencia ahora nadie prueba el pescado. Pero eso pasa con casi todo, con las piezas y sus recambios, con la ropa y los zapatos, con la compra del supermercado y todo se encarece porque viene de fuera. Como si traer en barco los productos resultara tan caro, pero bueno hasta a eso te acostumbras y te vas defendiendo como puedes y al final vas comprando por internet o simplemente no compras y esperas a viajar al a Península (como se dice aquí). Es una economía del absurdo, pero aquí nadie se plantea bajar de precios y menos me lo voy a plantear yo, que no vendo nada. Porque claro, una cosa lleva a otra y se encarece todo, los hoteles, las pensiones, el alquiler de los coches, los autobuses y los taxis, mis amigos los taxistas, que cariño les profeso.

                         La Isla es el mar, la Isla es preciosa y se adorna de vegetación mediterránea, lentiscos, pinos, encinas y acebuches y prados verdes y extensos. Es lisa, muy lisa, el pico más alto anda sobre los 300 metros, si llega, por tanto es barrida por los vientos y el más frecuente es el viento del Norte o Tramontana. Viento que inclina arbustos y árboles y alivia de tanta humedad reinante. La humedad es bestial, es tipo tropical, se suda hasta por el bigote y ya no digamos por otras partes. Tiene muchas cosas curiosas esta Isla en donde vivo, y una de ellas es las dos caras que tiene, tiene la cara Norte, que es agreste y de arena color tierra, es la que azota en primicia la Tramontana y la cara sur, más dulce y de arenas blancas. Así que en 15 km.
puede escoger la cara que quieres, y si hace Norte pues te vas al Sur y al revés, igual. El agua del mar, es cristalina que hace daño y ahí quizá esté su punto mas fuerte, su mar de aguas transparentes y cálidas. Claro que para mí sólo tiene un defectillo y es que casi no hay mareas, vamos de 20 cm. y yo que vengo del Atlántico y casi lo que más admiro de él, son sus mareas vivas y espléndidas, pues aquí hay que conformarse, que esto es el Mediterráneo.

                          Y éste mar tan calmo, a veces se cabrea y te sorprenden los temporales que se montan. Yo estoy convencido que el mar moldea a las personas y a los espíritus y eso les va imprimiendo un carácter determinado. Porque aquí y como dije el mar oscila muy poco y a los menorquines les pasa lo mismo, que varían poco en su carácter y te haces una idea engañosa, porque crees que no se cabrean y como le pasa al mar Mediterráneo cuando se pone de temporal, pues ellos de repente, saltan como panteras y les gira la cabeza, igual que a la niña del exorcista. Nosotros los Atlánticos, somos mucho más variables y nuestro
carácter sube y baja a ritmo que marcan las mareas, por tanto somos más explosivos y espontáneos, aunque cuando la marea está muy baja, andamos a ras del suelo.

SANTIAGO - Parte IV

              Bajando de la plaza de la Quintana, por unos escalones de piedra, llegamos a la plaza de las Platerías. Una plaza pequeña, pero muy bella y con duende ( en la foto de la izquierda). Que se rodea casas con blasón y a su vera, está la omnipresente Catedral de Santiago de Compostela. En el medio tiene una fuente, de la que emergen cuatro o seis cabezas de caballo y de su boca sale un chorro de agua. Aquí recuerdo sentarme en sus escaleras y también a oír algunas actuaciones musicales. Con esa sonoridad más recogida, más íntima, más envolvente, en la que se mezclan las notas musicales, con el sonido de los chorros del agua.

                                   Al lado de ésta placita de plata, está la calle de los vinos, la calle de "El franco". En la que cada portal es un bar o es al revés, en que cada bar es un portal, da igual. En ésta misma calle, no recuerdo la fecha, se hacía el "Paris - Dakar". La diferencia era que no se hacía con coches, sino que se hacía andando y dando tumbos y la gasofa era vino. Daba la casualidad, que al principio de ésta calle, había un bar que se llamaba París y al final de la misma, había otro que se llamaba Dakar. Esta era una carrera de vinos y había que entrar en todos los bares, e ir tomando un vino tras otro y uno en cada bar. Participaban bastantes, pero llegaban muy pocos.

                                   En ésta calle llena de bares, había uno que me encantaba, "El Gato Negro". Era una tasca auténtica, con una barra pequeña y al fondo unas cuantas mesas. Me acuerdo, que el día que iba a por el giro postal, el que me traía la pasta gansa, lo primero que hacía era acudir a éste bar a pedirme una nécora, sólo una, pues la pasta no daba para más. La saboreaba, la olía y por supuesto me la comía. Las manos no me las lavaba durante tres días, así me llevaba su perfume a mar.

                                   Alberga además en sus fauces otra placita muy coqueta, no me acuerdo de su nombre, pero si tengo su fotografía en mi memoria. Me acuerdo de cada rincón, de su fuente, de su luz, de su vida. Enfrente de ella está un edificio precioso, "El Palacio de Fonseca", que en su día fue un palacio y en aquel momento era una Facultad, la Facultad de Económicas. Un edificio digo de ser visitado. Seguimos la calle y ésta, nos vomita al final a una Alameda. Que es como todas las Alamedas, llena de árboles y plantas, sólo que ésta tiene un encanto especial, como se ve en la fotografía. Para llegar a su punto más álgido, aún hay que andar un buen tramo, pero merece la pena, pues allí se encuentra su punto mágico, desde él, se ve la ciudad con su catedral y con sus iglesias de postal y el granito que brota como lava de un volcán.

                                 Después de esto, es mejor dejarlo todo e irse a comer, para así digerir tanta belleza. Al final de la comida, recomiendo una copa fría de un buen orujo casero. Será una explosión por dentro, un calor, un sudor y una bomba nuclear. A continuación, es aconsejable un buen paseo, para hacer la digestión, y es buen momento para volver sobre nuestros pasos y recorrer las calles que rodean a la Catedral, ya que dada la hora, las calles están semivacías y se puede observar en todo su esplendor, cada rincón que nos enseñan las piedras.

                                    Los días de lluvia, es precioso recorrer las rúas por sus soportales y al abrigo de la lluvia y ver como ésta cae en finas cortinas y como el pavimento del suelo se llena de reflejos. Si a uno le empieza a entrar el frío, hay una solución, en la "Rúa Nova", hay un bar pequeño, más bien diminuto, donde sólo caben dos o tres personas y por tanto se llenaba fácilmente. Y en el que sirven un mejunje, que se llama "tumbadios". Ya os figuráis el brebaje, aguardiente mezclado con licor café, ¡¡que mejor combinación!!. Lo tomas y ya entras en calor, es como el Nescafé, instantáneo y por la boca te salen llamas como las del dragón. Ahora  sí, ¡que importa el frío, la lluvia, el hielo o la nieve!, después de semejante subidón...

Dylan Thomas

  "Guardo una bestia, un ángel y un loco dentro de mí; mi búsqueda es saber cómo obran y mi problema es juzgarlos y vencerlos, derribar...