NO ES EL MÍO ESTE TIEMPO (Karmelo C. Iribarren)


Estas calles que recorro cada día
hace tiempo
que ya no son mis calles:
cruzo los puentes, entro en las librerías,
me siento en los bancos de las plazas,
miro la lluvia hipnotizado desde los bares,
hago, en fin, lo que he hecho siempre,
pero no son mis calles.
Hace tiempo que decidí quedarme al margen
de un tráfago de gentes y de ideas
que no me dicen nada,
en las que no me reconozco.
Con esa compañía, mejor solo.
















ISABEL ALLENDE. La suma de los días

 

“Dicen los budistas que la vida es un río, que navegamos en una balsa hacia el destino final. El río tiene su corriente, velocidad, escollos, remolinos y otros obstáculos que no podemos controlar, pero contamos con un remo para dirigir la embarcación sobre el agua. De nuestra destreza depende la calidad del viaje, pero el curso no puede cambiarse, porque el río desemboca en la muerte. A veces no hay más remedio que abandonarse a la corriente.”















CAFÉ SOLO (Manuel Vicent)


“Sé perfectamente que el día en que me muera no echaré de menos los grandes acontecimientos que pude haber vivido, sino el perfume del café con tostadas y algunas pequeñas sensaciones, por ejemplo, estirar la pierna hacia el lado fresco de la sábana en las madrugadas de primavera cuando cantaba el mirlo en el jardín. Si me da un poco de pereza morir es porque ya no podré ir por las mañanas a comprar el periódico ni contemplar de camino en la parada del autobús los rostros frescos de las adolescentes que tienen aún todo el amor por delante. Mi lucha por la existencia consiste en que a la hora del desayuno sea mucho más importante el aroma del café que las catástrofes que leo en el periódico abierto junto a las tostadas.
También es muy placentero llamar por teléfono a algún amigo a media mañana para que te cuente los últimos rumores. Por un lado está la Crítica de la razón pura, de Kant, y por otro están los chismes. Supongo que los chismes de las tertulias será lo último que uno recuerde con una marca más indeleble que cualquier filosofía, y junto a ello estará la suavidad de un paseo vespertino, algunas puestas de sol, las lecturas de noche en la cama con la amorosa luz de la mesilla. Quisiera saber qué hace llorar a los moribundos más sabios. Sin duda, sus lágrimas no se deben a los triunfos que consiguieron ni a las grandes tragedias que soportaron sino a los sencillos placeres que experimentaron, a la gente buena que conocieron, a los alimentos que degustaron con parsimonia entre amigos. ¿Qué es la muerte? Tal vez la muerte consiste en no tomar ya más un cruasán crujiente con el café por las mañanas junto al ventanal ni enterarse ya nunca jamás de los resultados del Campeonato de Liga cada domingo. Al final de todas las religiones y filosofías, en medio de tantos dioses, héroes y sueños, resulta que la vida no es sino un conjunto de chismes y un nudo de aromas, una pequeña costumbre cuyos pilares tan sólidos son de humo y salen de ciertas tazas frente a las cuales uno ha sido feliz”.





















INSTINTO DE SUPERVIVENCIA


Cuando subí...lo hice hasta la cima más alta...
y cuando bajé aterricé en las cloacas del averno
y a veces me rescaté y no sé ni como me rescaté...
estaba con el agua al cuello
y masticando piedras y cristales del naufragio
y ahogado en el fango de mi propia depresión.
Instinto de supervivencia, le llaman.
Y debe ser que de ese instinto
voy más que sobrado
y porque siempre he salido a flote
de mis peores momentos.
Dicen que cuando se toca fondo
a veces y de vez en cuando
uno sale rebotado de tal manera
que ahora mismo
veo al mundo desde una nube.














EN LA OTRA ORILLA

En la otra orilla
de esta ciudad sin ley
dicen que allí, al otro lado
todo es posible.
Yo solo pido...
un puente levadizo
un pasadizo secreto
una cuerda que nos una
pero que no nos ate el uno al otro
Pido una mano amiga
y una barca que nos acerque hasta donde todo es posible.
















UBERTO STABILE

En todas partes cuecen patrias
Nací en Valencia
de padre italiano y madre gata
he sido charnego en Barcelona
polaco en La Mancha
y churro en mi ciudad,
me llamaron spagnoleto en Italia
y en la escuela macarroni,
en Andalucía soy “el que habla fino”,
gallego en Cuba y en México gachupín,
en Berlín me tomaron por turco
y en Brasil me hablaban en inglés,
a los rifeños les parezco muy claro
y demasiado moreno a la policía de Miami.
He vivido en dos países, siete ciudades y quince casas
de las que sólo conservo sonrisas
y algunas fotos apulgaradas de amigos y familiares.
Siempre vengo de lejos
y lejos voy
con otra lengua, con otra luz
y la patria en los zapatos
para vergüenza de mis invasores.

MI PADRE


Mi padre
apenas me decía nada.
Era de arena, sol del desierto
y escaso de agua.
Cuatro palabras bastaban
y cinco, eran demasiadas.
Mi padre murió un día
y no sé si murió de pena
o porque le reventaron las venas.
Mi padre murió en el baño,
dijeron que fulminado por un rayo llamado,
infarto.
Mi padre llevaba años buscando su muerte
y un día y como si fuera otro día cualquiera,
la muerte le visitó con su guadaña
y le partió el corazón
en mil pedazos.
Y desde entonces,
una de mis penas más grandes
es que se murió sin haberlo conocido.














VIVO EN LA UÑA (Lola Andrés)

 

Vivo en la uña
de la voracidad
enferma
en la costra
de la abyecta
mirada
de la deflagración
y las matanzas.
Amo
me alimento
hago sexo
en el hangar del aire
cada vez más dentro
del aire
más adentro
de la vagina apátrida
dentro
de la pupila jugosa
del pezón.
Mi huerto
sabe a hierba
digerida despacio
mansamente
sin palabra.
Cada vez
más adentro
del poro de la lluvia
de las ingles
fecundas
de la tierra.















¡¡AY!! LUNA...


 ¡¡Ay!! Luna, ¡¡Ay!! Luna...
díme si me quieres,
y ¡¡Ay!! Luna y mientras tanto díme donde has dejado el sol,
y díme Luna si esta noche nevará o lloverá
o si las mareas crecerán o bajarán,
pero díme algo, Luna,
díme si me quieres o no,
porque yo sólo quiero
yo sólo quiero que tú...
que tú me dejes un poco de tu amor...
y de tu resplandor...
¡¡Ay¡¡ Luna, que pena por tanto desamor.

Lucia Barbudo. "HOSTIAS YA"


Y entonces me dice A mi hermana la violaron hace un par de semanas en el Viña Rock. Alguien le puso algo en la bebida y se la llevó a una tienda de campaña. La violó y se fue.
No sabe quién fue. Las pruebas de ADN no coinciden con nadie que esté en la base de datos de la policía. No tiene antecedentes. No está fichado. Así que hay un Mierda más por ahí suelto, un Mierda anónimo paseando su patriarcado impunemente, un Mierda anónimo más que va vertiendo sin permiso su semen no bienvenido, no deseado, no pedido, no disfrutado.
Y fue en un festival de rock, ojo señoras y señoros, que no sonaba reggaetón de ese que os da tanto asco y que cosifica a la mujer y la degrada y la humilla y es repugnante porque es todo muy machista y muy bajuno y muy vulgar (cansadita por no decir hasta el coño estoy de este tema ya). No, el violador tenía buen gusto musical, sería un guay, un hipster o un roquero o un alternativo de esos a los que le gusta la música digna, la música wachi, la música que a nadie le avergüenza decir que escucha.
Y todo esto me trae a la memoria eso del perfil de la mujer maltratada que en las cajas de cada unx se pensaba que era la típica ama de casa, no leída, no instruida, de esa generación o esa franja de edad que no sabía mucho, la pobretica... Y resulta que no, que ese perfil es falso, que el maltrato no conoce titulitis ni estrato social ni económico y que los Mierdas también pueden ser abogados, ingenieros, profesores y no sólo camioneros o albañiles. Lo que son las cajas, eh? Qué curioso. Lo que son los prejuicios. Qué cosas.
Y me viene también este sábado en la Sala Revólver, en la sala mítica, en la sala de la música chulapirula, en la sala de la gente de nivel musical, en esa sala me tocaron el culo el sábado con distorsión de guitarra de calidad fondo.
Y me viene también eso de Joder, Lucía, qué exagerada, qué radical eres, joder con el feminismo, Lucía, que no es para tanto, que tampoco hay que ponerse así, que eres ya agresiva, que no te pongas histérica, que no es para tanto... Y se me ocurre que no soy lo suficientemente agresiva, ni violenta, ni radical y que voy a empezar a serlo. Porque es todo muy desagradable, hostias ya. Andar por la calle, salir de fiesta, ir a un festival, vestirse, bailar, pintarse. Es asqueroso la cantidad de tías que tengo a mi alrededor jodidas con sus respectivos Mierdas, con estructuras tóxicas, tragando y justificando y enganchadas a un Mierda; es terrible que te hagan sentir moñigo, que te vean moñigo, que te traten moñigo, y sentirte moñigo, verte moñigo, creerte moñigo. Es un fracaso, y es nuestro también.
Aquí hace falta hablar más, visibilizar más, desaprender más, deconstruir más, apoyarnos más, cuidarnos más. Nos iría a todas mucho mejor si fuesemos un poco más poligoneras, más reggaetoneras, más vulgares, más chabacanas. Más Y tú de qué vas. Más Pero tú quién coño te has creído que eres. Más Vengaaaaaaahastaluego. Nos iría mucho mejor que siendo pacientes, siendo comprensivas, siendo complacientes, siendo dependientes.
Con los Mierdas, lo único que cabe hacer es tirar de la cadena.

 

TUTE

 


MARGUERITE YOURCENAR