Ayer me puse como demasiado profundo
y casi consigo ser declarado en estado de alarma
hundido y posado en el fondo de una hipotética depresión
y viendo y observando como allí se vive
las morenas son más grandes y más mordaces y agresivas
las serpientes del fondo marino son más largas y venenosas
y la vida en general es más oscura
y a veces hasta muestra una falsa calma comedida.
El negro predomina sobre los demás colores
el gris también se hace más evidente
y el contraste entre el blanco y negro es el tono dominante.
A veces tropiezas con restos de algún naufragio
que está lleno de hambrientos tiburones
que se sientan en la mesa de lo que queda de barco
y se ponen a comer medusas con las manos.
Las medusas que para lo que tienen de cerebro
son demasiado listas
aparte de ser auténticas extraterrestres
se ofrecen como fácil alimento
pero cuando el tiburón se ha comido cincuenta
en su estómago se produce una inmensa reacción alérgica
y de repente puedes ver como el tiburón se pone pálido
y como le salen los ojos de las órbitas
y como su piel se llena de extraños sarpullidos
y su lengua se hace pelota y como le dificulta su respiración
y eso al parecer, también le quita el ansia por comer
y entonces para el tiburón
la medusa ya no es tan exquisita como lo era,
ni tan hermosa, ni tan atractiva
ni sus movimientos y bailes les hipnotizan tanto
y ésta es una lección de vida que nunca olvidará el tiburón.
Salvo, claro está
si el tiburón lo que busca, es suicidarse
y entonces se come una tonelada
y de un sólo bocado
y para reventar por dentro y por fuera
y hacerse papilla
que a su vez,
servirá para que otros peces se alimenten.
La vida en las profundidades
no es sencilla
y la vida por la supervivencia
se convierte en algo obsesivo
y el que se deje llevar por la placidez de un momento
corre el peligro de ser un alimento para otro habitante de las
oscuridades.

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