Miré mi sombra
extendida sobre el patio,
entre las hojas barridas
por el viento
del invierno que llegó
cuando no estabas.
La intemperie me alcanza.
Hace frío
en este lugar del mundo
donde ya no sos
más que un nombre que repito
para tenerte cerca.
He crecido,
pienso.
Mi sombra es una larga sombra
que se estira en la tarde.
Eras tan alto,
siempre.
Pronto olvidaré tu voz,
el sonido del viento
escapando por tu boca,
la minúscula vida
que se apagó,
suave como una vela.
Así debe ser,
asumo.
Las voces de mis hijos
invadirán el aire,
nombrarán con otros nombres
la sombra de mi sombra,
me exigirán,
urgentes,
la vida que les debo.

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