Pongamos que hablo de Ceuta o quizás de Argelès-Sur-Mer. Paco Arenas.

Pongamos que hablo de personas que llegaron con lo puesto, con el miedo pegado a la piel y la esperanza escondida en algún rincón del equipaje. Habían atravesado caminos inhóspitos, huyendo de una dictadura criminal, de un país sin futuro, de una tierra que había dejado de ser refugio para convertirse en amenaza.
Los encerraron en una playa. Arena, alambradas y vigilancia.
Como si quienes habían perdido su casa hubieran perdido también su dignidad. Como si huir fuera un delito. Muchos no conocían la lengua de quienes los recibían; apenas podían explicar quiénes eran, de dónde venían o por qué habían tenido que marcharse y muchos murieron allí.
Mientras tanto, algunos ciudadanos franceses —patriotas, se llamaban, pero que cuando la Alemania nazi invadió Francia, se pusieron bajo las órdenes de los alemanes— acudían a las playas para insultarlos, para llamarlos ratas, invasores, para incendiar sus tiendas de campaña y las pocas pertenencias que habían conseguido salvar de la guerra.
Aquello ocurrió en Argelès-sur-Mer, en 1939. Eran republicanos españoles.
Cinco años después, muchos de aquellos hombres y mujeres que habían sido tratados como indeseables, como extranjeros peligrosos, como una carga para Francia, entraron en París con las armas en las manos y el corazón lleno de libertad.
La historia tiene a veces una manera cruel de poner las cosas en su sitio. Hoy podríamos estar hablando de Ceuta o quizá de Argelès-sur-Mer.
Porque cambian las fronteras, los uniformes, las banderas y las fechas. Cambian las palabras con las que señalamos al que llega: invasor, ilegal, rata, amenaza.
Pero hay algo que no cambia: el miedo de quien huye,
la intemperie de quien llega,
la crueldad de quien incendia la tienda del otro
y la memoria, que tarde o temprano acaba preguntándonos de qué lado estuvimos.
Pongamos que hablo de Ceuta o quizás de aquella playa francesa. Y pensemos, por un instante, que la historia todavía no ha terminado de escribir quiénes eran los refugiados y quiénes eran, realmente, los patriotas.
No olvidemos que quienes atacaban a los españoles y les llamaban ratas inmundas, eran nazis, lo mismo que ocurre ahora. No eran patriotas franceses, los de ahora tampoco son patriotas españoles. Entonces como ahora, eran y son nazis, a los que les importa un comino España.

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