Y nunca estás donde debías o tenías que estar
siempre corriendo y siempre apurando el tiempo
y siempre quedando para no llegar
o para llegar por los pelos
y gracias al viento que hoy soplaba de popa
y porque sino serían 5 minutos más.
Y yo por dentro pensando
no te apures tanto
déjate llevar un poquito por los aconteceres de la vida
y si pasan 5 minutos de la hora
tampoco es para tirarse por un precipicio
y porque además y aunque fuera tarde
nunca llegaría a estar contigo.
¿te vas a perder esa cara de enfado
y ese reproche de siempre?
¿llegarás algún día a la hora en que habíamos quedado?
¿algún día serás puntual?
es imposible
y un día seré yo la que llegue una hora tarde.
Pero el que es puntual
lo es a conciencia
y no es capaz de llegar tarde a ningún sitio
y porque vive anticipado al tiempo
y si para mí son las 6 de la tarde
y aún no he salido de mi casa
así por lo menos llegaré 20 minutos tarde
para el puntual son las 5,45 y ya está allí
y por eso le es imposible llegar tarde.
Claro que el impuntual también las paga
y ese inmenso agobio que pasa porque no va a llegar
es un agobio tan potente, tan irracional
y tan explosivo y porque sabes que hagas lo que hagas no vas a
llegar puntual
y a veces hasta te entran ganas de dejarlo todo tal y como está
y sino cojo ese avión, pues ya cogeré el siguiente
y sino voy hoy, ya iré mañana
y además a éstas alturas de la vida
ya nadie te espera con esa impaciencia del primer amor
nadie suspira por tí a todas horas
nadie va a llorar si tú no llegas
nadie te va a dar un abrazo infinito
ni te llenará la cara de besos
y como mucho te dirá la consabida frase
¿has tenido un buen viaje?.
Y sin tiempo ni para respirar
te recitará la cartilla del día de hoy:
porque yo tengo planes para hoy
podemos comer en ese sitio que se comía tan bien
hoy por la mañana hay marea baja
y podemos darnos unos cuantos paseos pisando la arena
mojada
y hasta llegar al Faro que siempre está preguntando por
nosotros
volver por los viejos senderos que recorren los pinares
sentarnos durante un rato en el puente del río
y desde allí contemplar una hermosa puesta de sol.
Y cuando el sol haya desaparecido del todo
volver al coche e irnos a cenar al bar que antes tanto nos
encantaba
un buen vino, mejor marisco y pescado
la carne la dejaremos para otro día
y con unas vistas maravillosas
nos tomaremos
un buen carajillo de mi tierra gallega
y podemos dar por acabado el día.
Antes y no hace tanto tiempo
culminaría el día con un buen y sabroso polvete
si es que nos apetecía a ambos
y ahora, me hago cargo de esa posibilidad
pero ya no la considero como la guinda del pastel
Está ahí y si se cumple...
bienvenido sea
y sino se cumple en el día de hoy
pues será mañana o pasado o para la semana siguiente.
En los polvetes nunca debe ganar la prisa y las ansiedades.
Mis mejores polvetes nunca fueron de follar
en el cuarto de baño de cualquier antro
ni siquiera lo fueron en el coche
y fuera de la cama y del sofá, que es lo tradicional
me encantaban los echados en el suelo
o en la mesa de la cocina o sobre una preciosa alfombra de
cachemir
o sobre la hierba del jardín
pero siempre sin prisas
sin necesidad de romperle su ropa interior
ni entrar en casa a trompicones
y de inmediato, ejercer de empotrador.

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