A veces me duele el alma
y se me inflaman las costillas
por tanto decirte
¡te quiero!.
Quizás hubiera preferido
decírtelo menos veces
y haberme quedado sin parte de nuestra historia
y así quedarme sin argumentos
para volver a decirte
¡te quiero!..
Pero me pueden más las ganas
y el ansia de quererte
y al final,
prefiero vestirme de ansia
que haberme vestido de desgana.
Prefiero la ansiedad
que produce la utopía
que el conformismo
de la quietud de una noche sin luna.
Vosotros conocéis el poder que tienen la noches
y yo conozco el poder que tiene la utopía
y sobre todo
conozco las noches en que conmigo durmió la luna.
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