Rosa Montero


 «La vida es un pequeño espacio de luz entre dos nostalgias: la de lo que aún no has vivido y la de lo que ya no vas a poder vivir. Y el momento justo de la acción es tan confuso, tan resbaladizo y tan efímero que lo desperdicias mirando con aturdimiento alrededor.»


"La huella". Lorenzo Oliván


 

Haruki Murakami, Tokio Blues


 "La memoria es algo extraño. Mientras estuve allí, apenas presté atención al paisaje. No me pareció que tuviera nada de particular y jamás hubiera sospechado que, dieciocho años después, me acordaría de él hasta en sus mínimos detalles. A decir verdad, en aquella época, a mí me importaba muy poco el paisaje. Pensaba en mí, pensaba en la hermosa mujer que caminaba a mi lado, pensaba en ella y en mí, y luego volvía a pensar en mí. Estaba en una edad en la que, mirara lo que mirase, sintiera lo que sintiese, pensara lo que pensase, al final, como un bumerán, todo volvía al mismo punto de partida: yo. Además, estaba enamorado, y aquel amor me había conducido a una situación extremadamente complicada. No, no estaba en situación de admirar el paisaje que me rodeaba".


Autor desconocido (atribuido a Qyazzirah Syeikh Ariffin)

"Dices que amas la lluvia, pero usas un paraguas cuando llueve.
Dices que amas el sol, pero siempre buscas la sombra.
Dices que amas el viento, pero cierras las ventanas cuando el viento sopla.
Por eso tengo miedo cuando dices que me amas también".

 

¿EN QUE SE MIDE EL SUFRIMIENTO?. (Blog, "No es nada personal")

 


¿En qué se mide el sufrimiento?
¿En el número de noches que te acuestas con el estómago vacío?
¿En la cantidad de años que vives sin poder estudiar en un centro público de calidad?
¿En cuántas bombas has visto caer en tu ciudad?
¿En el número de días que debes esconderte para amar a una persona?
¿En la cantidad de vecinos que te rechazan por ser quien eres?
¿En cuántos golpes te ha propinado la policía?
¿En el número de países a los que no puedes entrar?
¿En la cantidad de carne que no puedes comprar a final de mes?
¿En cuántos meses llevas de travesía?
¿En el número de familiares que te presionan para ser el sustento de la familia?
¿En la cantidad de conocidos que han perdido la vida intentando emigrar?
¿En cuántos días llevas sin cobrar?
¿En el número de noches que has pasado sin dormir consciente de que no puedes pagar el tratamiento médico de tu madre?
¿En la cantidad de veces que tu primo ha abusado sexualmente de ti?
¿En cuántas heridas te has hecho en la frontera?
¿En el número de oportunidades que no vas a tener?
¿En la cantidad de propiedades que ha vendido tu familia para pagar tu viaje?
¿En qué se mide?
Y una vez medido... ¿quién determina cuánto sufrimiento es suficiente?
¿Tú?
¿Bajo tu criterio?
¿Y por qué no ellos bajo el suyo?
Llevamos años en una vorágine que amenaza con arrasar todo a su paso. Consumiendo un veneno que pagamos todos. Convivimos a diario con un supremacismo cada vez más interiorizado entre quienes nos rodean que les hace creer que tienen derecho a juzgar las acciones de alguien que se juega la vida para volver a empezar. Y lo que es peor aún, a cuestionar, poner en duda o evaluar las razones que le han llevado a hacerlo.
Si les vieran como iguales no podrían hacer eso. Pero desde su superioridad determinan que su criterio es el criterio, sus razones son las razones y su referencia es la referencia. Desde su autoridad establecen lo que está bien y lo que está mal.
Pero por el bien de todos, convendría dejar ya de alimentar esa bestia porque, por si todavía alguien no se ha dado cuenta, empieza deshumanizando al que tenemos al lado y termina borrando pueblos enteros del mapa con total impunidad.

CLAUDIO RODRÍGUEZ


 Poema de Claudio Rodríguez, poeta de la generación de los 50. Premio Nacional de Poesía, Premio Príncipe de Asturias de las letras…

Conoció el dolor, y que la vida es una sucesión de pérdidas que le dejaron herido. No se consideraba un poeta profesional. Más bien “una especie de bardo que forcejea despacio con las palabras”. La poesía es una celebración de la vida, decía.
0s dejo su poema; "Lo que no es sueño".
<<Déjame que te hable en esta hora
de dolor, con alegres
palabras. Ya se sabe
que el escorpión, la sanguijuela, el piojo,
curan a veces. Pero tú oye, déjame
decirte que, a pesar
de tanta vida deplorable, sí,
a pesar y aun ahora
que estamos en derrota, nunca en doma,
el dolor es la nube,
la alegría, el espacio;
el dolor es el huésped,
la alegría, la casa.
Que el dolor es la miel,
símbolo de la muerte, y la alegría
es agria, seca, nueva,
lo único que tiene
verdadero sentido.
Déjame que, con vieja
sabiduría, diga:
a pesar, a pesar
de todos los pesares
y aunque sea muy dolorosa, y aunque
sea a veces inmunda, siempre, siempre
la más honda verdad es la alegría.
La que de un río turbio
hace aguas limpias,
la que hace que te diga
estas palabras tan indignas ahora,
la que nos llega como
llega la noche y llega la mañana,
como llega a la orilla
la ola:
irremediablemente>>.

JOSÉ SARAMAGO


 

MUROS, ALMENAS Y CASTILLOS

Construyo almenas gigantes
con un diminuto castillo incrustado justo en el medio,
en él que yo no entro ni quepo...
es de arena mojada brillante
y se adorna de conchas de todas las formas y tamaños,
tiene un hermoso puente levadizo,
que en teoría se tendría que levantar a mi paso,
pero en la práctica, es inamovible y porque así fue creado,
y porque nadie le otorgó el poder de que se levantara al oír mis pasos...
pero a su vez, tiene un profundo y tenebroso foso
al que le añadí animales de mi propia cosecha:
escogí una apreciada colección de peces piraña,
varios cocodrilos de colmillo largo y bien afilado,
unos cuantos caimanes muy desalmados y más desaprensivos
y unos cuantos tiburones blancos
y que entre todos ellos se comerían a los negros
que quisieran saltar mi foso,
y si hubiera alguno que tocara la otra orilla del foso
los policías de la ley y del orden,
los acribillarían a balazos.
Y todo esto formaba parte de un sueño
o de una pesadilla que se repetía casi todos los días
durante unos meses.
Pero ahora hablemos de casos reales
y lo primero sería aclarar que una pesadilla
no tiene nada que ver con la realidad
y porque en realidad, no tengo castillo,
ni tengo murallas, ni foso
y si lo tuviera
estaría hecho para los fachas y pijos redomados.
En definitiva, el mundo que hemos creado es impropio del ser humano,
el mundo es de unos pocos
y casi todos son ricos y guapos
y de los muchos que sobramos (eso dicen de nosotros, ¡qué sobramos!)
hay algunos que levantamos el puño
y como putos iluminados que somos,
y porque nuestra dignidad está por delante de todo,
somos pocos pero somos hiedra
hiedra que nace de la tierra y que corre por nuestras venas
y la hiedra seguro que acabará derribando
muros, almenas y puede que hasta castillos de arena
de esos que de vez en cuando crecen dentro de mi imaginación.

FRIEDRICH NIETZSCHE


 

ESTABA PENSANDO...


Estaba pensando...

Que la sutileza es una forma más de ironía

o es una forma cariñosa de decir las cosas.

Que la maldad procede del resentimiento

criado a lo largo de muchos años.

Que la tristeza es un sentimiento cargado con mucha pena.

Que la alegría es un estado aleatorio

y que nadie conoce como realmente funciona.

Que la suerte nunca está echada del todo.

Que la miseria la inventó el hombre

el día en que se quedó sin nada.

Que los deseos son nuestras pilas de cada día.

Que la pasión nace de una semilla fugazmente apasionada.

Que el miedo a la muerte, nos aterra y nos hace mezquinos...

ANTES Y AHORA


Las ideas o se riegan o se secan y si las riegas lo tienes que hacer con mucha delicadeza. Vamos, de la que yo no tengo y porque amo lo claro y lo claro a veces choca contra lo hermosamente delicado. La impaciencia es mi lema y la claridad es mi objetivo (de momento lo es, pero también sé que es relativo y que durará un determinado tiempo) y sé que a veces me paso, pero ya digo y lo reconozco, que yo no tengo el don del equilibrio. Yo nací desequilibrado y como mucho he conseguido saber irme de un sitio a tiempo, pero por dentro me voy todo cabreado conmigo mismo y porque me he ido de ese sitio sin haberle partido la cara al imbécil que se había metido conmigo o que me había despreciado y ahí es cuando choco entre mi yo bueno y mi yo malo. Quiero decir, que me siento orgulloso de ser buena persona pero al mismo tiempo me corroe la rabia que llevo por dentro y por no haberle dado una hostia de esas en que le arrancas la cabeza de cuajo. No quiero pensar en como seré de viejo pellejo, porque estoy seguro que seré un viejo rosmón y que me cagaré en todo lo que se menea y en todo lo que me molesta minimamente.

Y ahora (año 2.026), que ya he cumplido los 70 años y ya me puedo considerar como un viejo pellejo. 70 años lo dicen y lo demuestran y joder y joder me sigue pasando lo mismo y le partiría la cara a unos cuantos que para mí se lo tienen más que merecido, pero como aún conservo el instinto de saber irme de un sitio a tiempo y como además y dada mi edad, no estoy para darle una hostia a nadie, pues son dos factores que me ayudan a tomar la mejor de mis decisiones, que es la de irme de ese sitio y para así poder controlar un poquito mejor esa violencia que uno lleva tan dentro. Y para casos como el mío, ayuda que al llegar a tu casa, te vayas a ver de cuerpo entero ante un espejo y entonces verás a un viejo que no tiene ni media hostia y que cualquiera y con un simple empujón, te haría caer al suelo y de esa manera que sólo se caen los viejos, como un saco de patatas y con todo su estruendo.

Lorena Larrañaga. "Lo que sostiene el aire"

Hay una hora en que la casa se llena de caballos que nadie ha llamado. Sus crines recorren los pasillos como agua peinada por una madre muer...